Cultura

Gubern: "La España de Buñuel pervive en esa Iglesia arcaica y reaccionaria"

El escritor e historiador visitó esta semana Sevilla para participar en un seminario de la Facultad de Comunicación y presentar  su libro Los años rojos de Luis Buñuel.

el 04 nov 2009 / 20:15 h.

El escritor Roman Gubern, en Sevilla.
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-Ha venido a Sevilla a hablar de Buñuel, pero ¿qué queda de buñueliano en la España actual?

-España ha cambiado mucho y para bien. Evidentemente, quedan elementos de esa España buñueliana, que es berlanguiana también, sobre todo en la actitud de la Iglesia. La democracia española logró domesticar y meter en vereda al ejército -aunque nos diera un buen susto el 23-F-, a los poderes financieros, pero no a esa Iglesia arcaica, que sigue siendo extremadamente fuerte y reaccionaria.

-Esta semana moría López Vázquez. Se dice que no hay relevo para los grandes. ¿Qué opina?

-No sólo hay grandes actores en España. Mire a Penélope Cruz y Bardem, que ya están en el panteón internacional... Creo que nuestro cine tiene también técnicos excelentes, operadores y directores brillantes. Eso sí, el talón de aquiles, a mi juicio, está en el gremio de guionistas.

-Pero no sólo por eso está tan revuelto el sector, con esa ley que parece que no llegará nunca.

-Es una asignatura pendiente. Todo el mundo parece de acuerdo en que se hacen más películas de las que se demandan, y en número superior a países con mayor población, como Italia. El tema de adelgazar la producción es doloroso, pasa por recortes, coerciones...

-¿Y la discriminación positiva a favor de las directoras?

-Es un arma bien intencionada, pero peligrosa, puede tener efecto bumerán. Yo empecé mi carrera en Estados Unidos, donde en los 70 y 80 se tomaron medidas similares para que cada departamento tuviera un afroamericano, un latino, un homosexual, una lesbiana... Los resultados fueron desastrosos, porque el criterio que debe prevalecer, en la universidad como en el cine, es que la gente sea competente.

-Usted viene en el programa del Festival de Sevilla. ¿Cree que estas citas están cumpliendo su tarea, o tal vez hay demasiadas?

-Hay cierta inflación, es cierto. La prueba es que se van encadenando como un rosario: primero Valladolid, ahora Sevilla, luego Huelva... No me parece mal, siempre que los ayuntamientos lo puedan mantener. Y no siempre es así. Los que han encontrado el camino son los festivales monográficos. Sitges, cine fantástico y de terror, funciona muy bien. Sevilla, después de dar varios tumbos, parece que ha dado con su sitio, y su director, Javier Martín-Domínguez, ha encontrado buena sintonía en Bruselas... En Málaga, el anterior director dejó un agujero económico descomunal, y sé lo que digo porque estuve entre los acreedores. A menudo hay que tener cuidado con no morir de gordura, de opulencia.

-Hablemos de internet y la televisión digital terrestre (TDT), donde unos ven la muerte del cine y otros su gran oportunidad.

-Todo eso ha llegado tarde a mi vida, piense que yo soy hijo de la Guerra Civil, o si lo prefiere de la Gran Depresión. Pero algunas ideas sí tengo claras: la centralidad de internet parece indiscutible, es un epicentro que está para quedarse y crecer, y que plantea retos de enorme gravedad y calado. Por ejemplo, la piratería, que en España es un problema serio. En cuanto a la TDT, por el momento encontramos una hipertrofia artificial de la oferta. Hay más oferta que demanda, el pastel publicitario no ha crecido proporcionalmente, y sin embargo ha vivido una enorme expansión. Es una anomalía que dibuja en el horizonte una televisión de pago elitista y una televisión plebeya, como de segunda división. Es la famosa cultura dual de infopobres e inforricos. Además, no es cierto que la cultura de internet sea global: en África todavía es un 3 % de la población el que tiene acceso a la red.

-Internet parecía era la vacuna contra esos monopolios de la videocracia, pero casos como el de Berlusconi lo desmienten.

-Sí, es lo que se conoce también como iconocracia, o telecracia. El tiempo en televisión es un bien escaso, por tanto hay una lucha sin cuartel por aparecer. El ojo es selectivo, elige a Belén Esteban, que no sé cómo lo hace para estar a la vez en todos los canales, o a tal o cual líder político o financiero. Mire a Rajoy, un hombre poco fotogénico que, como padece unas turbulencias tremendas, de pronto se convierte en estrella televisiva. Pero aparece como un líder envejecido, con gafas antiguas, y lo que la gente ve es a un hombre del pasado, antiguo hasta en la forma de hablar. La figura de Zapatero está muy desgastada, pero da una imagen de juventud, tal vez excesiva, como cuando le apodaron Bambi. En este escenario mediático la lucha no es tanto de programas de partidos como de carisma de sus líderes.

-¿Ha sido Obama quien mejor lo ha visto hasta ahora?

-La gran novedad de Obama fue sobre todo su victoria en internet. Aparte del desgaste de Bush, movilizó a un electorado joven y logró mucha actividad en la red, donde McCain parecía un anciano acartonado. Internet va a tener cada vez más relevancia en la lucha política, aunque España, por cierto, sigue en la cola de Europa en usuarios, por debajo de Portugal y Estonia.

-Como estudioso de la pornografía, ¿qué le parece que Saw VI haya sido calificada X? ¿Cómo limitamos el sexo y la violencia?

-Es muy absurdo, en España sólo quedan 8 salas X y me parece anacrónico que aún haya estos códigos de moralidad. Creo que si no infringes el código penal, eres soberano de meterte piercings o acostarte en una cama de espinas. Pero igual me contradigo si reconozco que la Constitución limita la libertad de expresión en el caso de la protección de la infancia y la juventud. El caso es que ahora cualquier niño se topa en internet con una triple penetración. ¿Cómo metaboliza eso un chaval? Lo ignoro. Anita Loos decía en sus memorias que los jóvenes aprendían a besar en el cine, pero eso era a primero de los años 20. Hay que adaptarse a la realidad contemporánea.

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