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Guillena espera ya a sus 17 rosas

Familiares de las mujeres fusiladas asisten al inicio de la exhumación de la fosa común en la que fueron enterradas en Gerena. La investigación previa ha revelado que su fusilamiento fue en noviembbre de 1937 y no un año antes como se creía.

el 30 nov 2011 / 21:09 h.

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Los huesos se hallan a 1,20 metros de profundidad.
Manuel Aguilera Garzón tenía cuatro años cuando se llevaron a su madre, un año después de que su padre fuera fusilado. Durante dos meses la visitó en el pabellón de mujeres de la cárcel instalada en el patio trasero del Ayuntamiento de Guillena y recuerda cómo allí todas estaban rapadas. Ayer asistió emocionado a la apertura de la fosa común del cementerio de la vecina Gerena donde su madre, Granada Garzón de la Hera, fue conducida junto a otras 16 mujeres para ser fusiladas por ser mujer, madre, hermana o hija de rojos. Precisamente, un informe de quintas de los años 40 que da referencias de Manuel pedidas por el régimen franquista ha revelado que las conocidas como "17 rosas de Guillena" no fueron fusiladas en octubre de 1936, como creían sus familiares por los testimonios recabados, sino un año después, en noviembre de 1937, una fecha bastante tardía para fusilamientos sin consejos de guerra.

 

La Asociación de Memoria Historica de la localidad acaba de iniciar la exhumación gracias al trabajo voluntario de los arqueólogos y antropólogos de Arqueactiva -que ya hicieron las catas previas-, ya que el Ministerio les ha denegado la subvención y la de la Junta está provisionalmente concedida pero aún no ha llegado, aunque existe un compromiso del Comisariado para la Memoria Histórica. Los trabajos se centraron ayer en cubrir la zona, junto a una fina de nichos del cementerio construida en los años 90, con toldos por si llueve y entregar la última documentación al Ayuntamiento de Gerena para los permisos, según explicó Lucía Sócam, sobrina nieta de Granada Hidalgo Garzón, la más mayor de las víctimas ya que fue fusilada a los 65 años "porque sabía leer y en el campo le leía la prensa republicana a quien se lo pedía".

Todas las enterradas en la fosa común están identificadas y todas tienen parientes vivos, entre ellos cinco hijos directos, como Dolores Palacios, cuya hija está ya de camino desde Barcelona, donde reside, para asistir a la exhumación. Todos han dado su consentimiento para abrir la fosa y someterse a las pruebas de ADN que están dispuestos a pagar de su bolsillo si la subvención no llega. La esperanza, por tanto, es poder poner nombre a todos los restos que se hallen.

La fosa de las "17 rosas" está muy bien documentada por los múltiples testimonios que relatan como este grupo de mujeres fue detenida coincidiendo con las fiestas de la patrona de Guillena, que se celebra el 8 de septiembre, y trasladadas al pabellón de mujeres. Las raparon y dieron aceite de ricino como era habitual con las mujeres represaliadas y el 12 de octubre, día de la Virgen del Pilar, fueron llevadas a misa ante todo el pueblo para ser excomulgadas.

Hasta ahora se creía que fueron fusiladas ese mismo día de 1936 pero el documento de quintas de Manuel Aguilera hallado en el Archivo Municipal de Guillena deja claro que su padre fue fusilado en octubre de 1936 y su madre en noviembre del 37, una fecha a la que ya apuntó el historiador José María García Márquez en el primer informe que hizo sobre la fosa.

También existe un testigo directo de su fusilamiento, un vecino de Gerena que hoy, con más de 80 años, no desea hablar pero que ha dejado testimonios anteriores relatando lo ocurrido. Tenía 8 años y estaba jugando con unos amigos en los alrededores del cementerio cuando empezaron los tiros. El resto de los chicos salió corriendo pero él se encontraba subido a un árbol y lo vio todo.

Entre las "17 rosas" hay mujeres de 24 a 65 años y varias hermanas. Según las catas, los primeros huesos se encuentran a 1,20 metros de profundidad por lo que no se espera que tarden mucho en aparecer, aunque los arqueólogos calculan que los trabajos durarán un mes.

En las catas previas, junto a los huesos los investigadores pudieron apreciar a simple vista algunos botones, restos de suelas de zapatos y en los alrededores de la fosa, como un rastro, un grupo de casquillos fabricados en la pirotecnia de Sevilla con fecha de 1936.

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