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¿Ha salido ya la cruz de guía?

Lo de atraer gente al Centro es más cuestión de una oferta original que de dar barra libre al tráfico.

el 29 dic 2011 / 21:12 h.

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Un Centro a rebosar de gente.
Mostrando un alarde de reflejos digno de un pilar de la Catedral, el otro día (lunes y festivo, como la patronal manda) se me ocurrió la brillante idea de ir al Centro a ver luces y comprar algún regalillo pendiente. Un lince de la estrategia aquí el amigo, el Napoleón de la planificación navideña, el Rommel a este lado del Guadalquivir: mira por donde se le ocurrió lo mismo al menos a 200.000 personas más, que para eso era un festivo navideño y con casi todas las tiendas abiertas. La combinación era explosiva, nuclear. Y estalló en forma de Navidad de Ramos, aquello parecía un domingo de palmas de los que abren la Semana Santa con todos sus avíos de masa humana, avalanchas de carritos, grupos de chavales y empujones en los atascos de peatones, sólo se echaba de menos que el personal fuese un poco más trajeado para redondear el efecto cofrade.

El primer mogollón me cogió en Sierpes, cuando intentaba llegar a la Plaza de San Francisco para ver el espectáculo que se proyecta en la fachada del ayuntamiento, el famoso mapping, aunque para espectáculo el que se formó a partir de la esquina con la calle Sagasta, allí vi cosas que vosotros no creeríais. No era atacar naves en llamas más allá de Orión pero se le parecía mucho, porque literalmente no se podía avanzar. Eché de menos no haber traído el machete con el que me abro paso por la selva, pero me consolé pensando en lo que le diría al artista que pregona que la bulla en Sevilla es una maravilla, al trovador que canta lo bien que nos movemos los sevillanos en ellas.


Por aquí va a ser que no, mejor esperamos al siguiente pase del espectáculo, ¿y si vemos mientras tanto las setas con sus tenderetes y sus camellos? Bueno, vale, son dromedarios, pero es que es más difícil de pronunciar. Llegamos haciendo arabescos, me vuelven a dar pena camellos y ponis (no lo puedo remediar, me deprime verlos convertidos en atracciones de feria), vemos los puestecillos y tiramos por Puente y Pellón. Error. "Parece que es que viene la Cena de vuelta", dice uno en plena bulla. En la Plaza de San Francisco falta una hora para el espectáculo y aquello está ya a reventar, lo mismito que El Salvador cuando está a punto de asomar la Borriquita. Por allí pasan los de Protección Cïvil, pero me equivoco y en vez de pedir socorro lo que les pregunto es si ha salido la cruz de guía.

Tiramos hacia la Avenida, muy bonitas las luces y los colores, pero mira al del tranvía, ahí está el hombre dándole a la campana y con su tren parado, que no puede ni avanzar medio metro. Vaya avalancha de gente, esto parece una peli de zombis, en plan Atlanta en The walking dead. En la Plaza Nueva me atropella un coro navideño: no podía más, había esquivado uno en Sierpes, otro en Puente y Pellón y un tercero en la Avenida. Después ya era presa fácil e hizo conmigo lo que quiso otro coro en Tetuán, que por cierto tenía formado otro buen atasco.

Entrego la cuchara. Demasiada intensidad navideña, una sola tarde en el Centro me ha agotado más que los días de fun fun fun que ya llevábamos, y eso que de la pista de hielo del Prado ni hablamos, a ver quién se planta allí ahora. Vale que al ser festivo había más gente, pero es que todos los días se vive tres cuartos de lo mismo. Y llega el momento de la gran pregunta: ¿más lleno o menos que el año pasado? ¿se notan las Zoido-medidas? Hombre, así a ojillo no sé si este año hay 2.000 personas más o no, siempre que voy al Centro en estas fechas acabo con la sensación de que no veía tanta gente desde Semana Santa. Sí es cierto que el lunes aquello ya no parecía normal, y también que es un éxito rotundo lo del espectáculo en la fachada consistorial y lo de los tenderetes en las setas, dicen que también lo del Prado. La oferta se ha ampliado y mejorado para entusiasmo de los comerciantes de la zona, que además ahora tienen mucho menos reparo ideológico en poner su granito de arena: antes estas cosas las llevaba IU y ya se sabe que a los rojetes no les gusta la Navidad, y menos a Antonio Rodrigo Torrijos, que todos los años intentaba torpedearla con algo para que nadie la disfrutara. ¿Pues no se había empeñado en que los comerciantes pusieran más dinero para esto de las luces?

¿Conclusión? Lo de atraer gente al Centro parece que no es tanto cuestión de dar barra libre al tráfico, porque esta Navidad se ha puesto el mismo dispositivo que otras. Al final va a resultar que es cuestión de que haya una oferta más amplia y variada, que el truco no consiste tanto en dejar al personal aparcar en La Campana (que si puede lo hace, eso fijo) como en atraerlo ofreciéndole algo original. ¿Y si le echamos imaginación y vamos pensando en algo nuevo para otros momentos del año? Ya puestos, que sea con un nombre más fino, porque eso de En Sevilla se llama Navidad para que al final parezca un Domingo de Ramos...

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