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'Hace tres años el Potaus hubiera salido desde la confrontación'

El consejero de Vivienda y Ordenación del Territorio, Juan Espadas, considera que el recién aprobado Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Sevilla (Potaus) es el más complejo de todos los planes subregionales ratificados hasta ahora y un documento que cambiará la Gran Sevilla.

el 16 sep 2009 / 04:09 h.

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O. Granado / A. Morente

-Tenemos por fin el Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Sevilla (Potaus). ¿Y ahora qué?

-Los municipios pueden ya aprobar las modificaciones necesarias para adaptar sus suelos al desarrollo de las áreas de oportunidad. Los que tengan ya la adaptación parcial a la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía (LOUA), que son 26, sólo deben proceder a una modificación. El resto la necesita primero, ya sea con un nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) o con una adaptación parcial. Hay determinados proyectos, de todas maneras, que no necesitan ni siquiera esto, porque ya están en suelos clasificados.

-Precisamente hay infraestructuras e incluso áreas de oportunidad que han llegado antes que el propio Potaus?

-Por eso digo que en algunos casos son necesarias decisiones en los planeamientos de los municipios, que son la mayoría, pero en otros no hace falta siquiera.

-Esto es una prueba de que el Potaus llega tarde, ¿no?

-Está claro que era una asignatura pendiente, pero no hay que perder de vista que en la ordenación del área metropolitana convergen distintas situaciones. Tuvimos una oportunidad con la Expo 92 para haber tomado decisiones, fue el momento de explosión desde el punto de vista de las infraestructuras y de configuración del territorio. Pero la normativa no preveía entonces instrumentos de estas características, de manera que, por ejemplo, la planificación de la SE-30 y todo lo derivado de ese momento no contaba con ese respaldo. La aprobación de la LOUA, y luego del Plan de Ordenación del Territorio de Andalucía (POTA), que sí lo prevén, coinciden en una década de gran desarrollo urbanístico.

-Pero los problemas ya empezaron antes de los 90, y del Potaus se viene hablando desde hace muchos años...

-Sí, es cierto, más de 20 años. Parece evidente que, con independencia de que hubiera o no un marco jurídico, la ordenación del territorio tenía ya doctrina suficiente. Pero insisto en que se tiene que dar la coyuntura de que haya legalidad y voluntad política entre los que tienen competencias en el territorio, es decir, los municipios y la Junta de Andalucía.

-¿Reconoce entonces que había falta de voluntad política?

-Durante un tiempo los ayuntamientos fueron por su lado, hasta llegar a un punto en que sus desarrollos superaban todos los límites de sostenibilidad y razonabilidad. Eso coincidió con el movimiento de máxima punta de una aplicación claramente viciada, y muy peligrosa, de la Ley del Suelo anterior. Vinieron luego años de confrontación, por decirlo de algún modo, entre los consistorios que planteaban crecimientos desorbitados y la Junta de Andalucía intentando parar esa ola. Llegaron así el POTA y los primeros instrumentos de planificación subregional.

-Hay una veintena de planes subregionales ya en Andalucía. ¿Qué destaca de éste?

-Es el más complejo sin ninguna duda. Porque llega? No es que llegue tarde, sino sobre un territorio que ya ha tomado muchas decisiones. Pero si hubiese salido hace tres años, seguramente lo hubiera hecho desde la confrontación por el planteamiento de crecimiento que hacían los ayuntamientos entonces. Los porcentajes del POTA nos situaron luego en la racionalidad. No hemos llegado tarde: es un territorio inmenso y queda mucho por decidir, por ejemplo cómo funciona la segunda corona en torno a la SE-40. O corregir la movilidad.

-¿Cree que el Potaus llega en un momento muy distinto a cuando comenzó a idearse, al menos el que se ha aprobado?

-Sí. Ya dije en su día, cuando empezó a plantearse, que era una herencia que recibíamos de la falta de consenso entre los municipios y la Junta de Andalucía a la hora de compartir un modelo territorial. No era posible avanzar si no compartíamos el modelo y éramos capaces de no imponer, sino de consensuar al máximo.

-¿Pero entonces de quién es la culpa, de los municipios que eran recelosos a afrontar la supramunicipalidad o de la Junta de Andalucía, que no tomó antes las riendas y elaboró la norma?

-En realidad estábamos en longitudes de onda distinta, como si uno está en AM y otro en FM.

-¿Cree que los municipios aprovecharon para hacer una política de tierra quemada?

-No, lo que pasa es que se creía que era posible tomar una decisión sin que afectara a los otros. Pero esto parte de un error conceptual, porque estamos en un territorio donde uno vive en un sitio y trabaja en otro, usa infraestructuras compartidas...

-¿Eran poco solidarios?

-No, sino que hacían uso de sus competencias sin mirar al de al lado. Pero la madurez del tiempo se impone, y también el hecho de que en los últimos dos años se haya producido un giro de 180 grados de los proyectos que habían llegado masivamente a los ayuntamientos, que eran los que estaban provocando ese crecimiento desorbitado.

-Entonces, ¿la crisis ha ayudado al Potaus?

-Sin duda. Cuando hace un año planteaba lo de aprovechar las oportunidades de la crisis, ésta era una de ellas. La oportunidad del sentido común, de poner encima de la mesa el modelo territorial que queremos y sobre la base de que sólo los proyectos que no son especulativos, sino solventes y bien pensados, son los que deben salir adelante. Eso explica por ejemplo que hayamos aumentado el número de áreas de oportunidad inicial.

-¿Dice entonces que la crisis es la que ha traído el sentido común al urbanismo?

-No. Hemos aprovechado una oportunidad que se planteaba claramente ante la renuncia de un montón de proyectos que llegaron a los ayuntamientos y que no tenían ni respaldo económico ni lógica desde el punto de vista territorial. Hemos aprovechado el enfriamiento de la economía para generar de verdad proyectos que tuvieran la posibilidad de salir adelante y además que no estrangularan el territorio. Todas las áreas de oportunidad están perfectamente estudiadas.

-¿Teme que la crisis ralentice el desarrollo de algunas?

-Las residenciales son una reserva de suelo para responder a situaciones en las que los municipios con sus PGOU actuales no tengan capacidad para atender la demanda. Ya no vamos a hacer política sobre estimaciones, sino que a final de año habrá registros que digan claramente cuáles son las necesidades de VPO. El Potaus prevé suelo suficiente. Pero la política de vivienda queremos que sea de demanda, no de oferta. En cuanto a las áreas de oportunidad productivas, las hay puramente privadas, que dependerán de la financiación que las respalde. Un ejemplo, la Ciudad de los Emprendedores de La Algaba, cuyos promotores dicen que sí la tienen. Otras son mixtas, de inversión pública y privada, y por ejemplo en esta situación está Agrópolis, donde las obras de urbanización van a empezar de inmediato.

-¿Tiene un cálculo de cuántas podrán desarrollarse antes?

-Evidentemente la crisis tiene una incidencia en los ritmos. Pero esto no es un plan de obras, sino uno que diseña potencialidades, y a partir de ahí empiezan a tomarse decisiones económicas. Ninguna nace muerta, hemos visto qué había detrás de cada proyecto. Otras áreas de oportunidad están condicionadas, por ejemplo, a que primero llegue la parte productiva o a que se resuelvan los problemas de movilidad. Desde lo público, donde me gustaría ver obras en marcha esta legislatura, sí o sí, es en el Pago de Enmedio en La Rinconada o en Cortijo de Cuarto.

Lea la entrevista completa en la edición impresa de El Correo de Andalucia

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