Cultura

«Hacemos historia en el corazón del antiguo Egipto»

Indiana Jones lo hace en el cine, él en la realidad. De la Giralda a la tierra de los faraones, este egiptólogo y profesor de la Universidad de Sevilla retransmite in situ los subidones que le dan al desvelar los misterios de Tebas.

el 15 sep 2009 / 23:21 h.

-A más de 4.000 kilómetros de casa, ¿cómo se las avía un egiptólogo sevillano en la antigua Tebas?

-Estar lejos de tu casa y hogar, de tu familia, tus amigos, tus costumbres y tu ciudad tiene, como todo, sus pros y contras. Supone un esfuerzo, una aventura y un desafío. Claro que se echan de menos muchas cosas, pero participar en una misión arqueológica en el corazón del antiguo Egipto, nada menos que en Tebas, es algo realmente muy especial.

-¿Qué se le ha perdido allí?

-Soy un profesional del estudio y de la investigación histórica y todo esto forma parte de mi trabajo y responsabilidad laboral. Llevo más de 20 años como responsable de la docencia e investigación de Egiptología en la Universidad de Sevilla, y participar en este proyecto repercute en mis estudiantes, en mi Universidad y me gustaría pensar que también en mi ciudad.

-¿Cómo se le explica el proyecto Djehuty al gran público?

-El proyecto nació hace casi diez años con diferentes objetivos. Por una parte, establecer una misión arqueológica permanente en Tebas, donde los españoles no habíamos logrado hasta ahora nada semejante. También se pretendía reunir a un grupo de expertos españoles en este ámbito, la Egiptología, aún novedoso en nuestro panorama académico, con la intención de crear un equipo y lograr resultados competitivos en el estudio y la investigación. Además, el proyecto Djehuty pretendía ser la cantera en la que jóvenes estudiosos españoles adquirieran la experiencia que supone una excavación arqueológica en Egipto. Finalmente, otro de los objetivos ha sido y es ofrecer un proyecto abierto a los medios de comunicación, que pudiera llegar a un amplio espectro de público, y que proporcionara una imagen adecuada de la Egiptología. De ahí nuestra página web, una de las joyas del proyecto (www.excavacionegipto.com), donde se puede hacer una visita virtual a la tumba de Djehuty o conocer el avance de nuestras investigaciones, entre otras cosas; además, incluye el diario de excavación, que proporciona noticia día a día de cómo marcha el trabajo, los hallazgos y cómo es nuestra vida allí.

-En su tierra, unos preparan los carnavales, otros la Cuaresma y usted hace el petate para hacer historia. Hay gente para todo...

-Pues sí, la realidad es que estamos marcando un hito, tanto por la forma de llevar a cabo nuestro trabajo, los niveles de exigencia y de calidad a los que nos aferramos y, sobre todo, por los hallazgos y descubrimientos que hemos tenido la fortuna de realizar: el ataúd de Iqer, la Dama Blanca (otro sarcófago intacto), la Tablilla del Maestro (que contiene el primer retrato frontal de un faraón que nos ha dejado el Antiguo Egipto), etcétera.

-¿Cómo es un día de trabajo en la vieja Tebas?

-Realmente duro. A las 7 de la mañana ya estamos en el yacimiento realizando el trabajo arqueológico propiamente dicho, de excavación y restauración de nuestras tumbas. Hasta las 4 o así no almorzamos. Se trata de uno de los momentos más gratos del día, pues tenemos ocasión de charlar, cambiar impresiones y, también, de reírnos y relajarnos. Por poco tiempo, pues luego dedicamos la tarde al estudio y el trabajo de gabinete, con los ordenadores, dibujos, apuntes y demás. Muchas veces son más de las 12 de la noche cuando finalmente nos retiramos a descansar. Es cansado, pero compensa. Pasamos cada año un mes y medio excavando y hemos de aprovechar al máximo el tiempo.

-¿Cómo sobrellevan las costumbres locales?

-Nuestra campaña tiene lugar entre enero y febrero, fundamentalmente porque la climatología es la más apropiada en esas fechas. No hay que olvidar que en Egipto el calor es un gran enemigo y hay que aprovechar la estación fresca para este tipo de trabajos. No obstante, a veces nos sorprende una tormenta de arena que deja todo, cuartos, calles, el propio yacimiento, en mal estado. Pero los paisajes que nos rodean, con el valle del Nilo, el desierto y las montañas, son realmente espectaculares. De comida no hay mucho que contar: arroz y más arroz, que es la base de alimentación aquí. Pero tienen una verdura excelente, y luego están las especias, los frutos secos, el té? Es otro mundo, que me gusta de veras.

-Por cierto, ¿sólo hay arqueólogos en su equipo?

-El equipo es complejo, y varía de campaña en campaña, pero por decirlo de alguna manera hay un núcleo permanente, veterano, encabezado por José Manuel Galán, del CSIC de Madrid, director y alma máter del proyecto. Pero casi todos los años hay gente que va y viene, en función de los objetivos y necesidades. No hay que olvidar que un equipo como éste es diverso y polifacético: egiptólogos, arqueólogos, restauradores, geólogos, dibujantes, arquitectos, topógrafos, botánicos, paleopatólogos, etc. Y eso sin contar con la vertiente egipcia de nuestro equipo, encabezada por el capataz, Alí Farouk, que es quien contrata a los obreros y nos soluciona casi todos los problemas.

-¿Cómo llevan los egipcios eso de que haya una misión, y por más señas española, hurgando en su pasado, o es que ya se los tienen ganados?

-Los egipcios están encantados con la misión española. Por una parte, estamos realizando un trabajo que les beneficia enormemente, poniendo en valor y rescatando una parte de su pasado, del impresionante legado faraónico. Esto, para un país que vive en buena medida del turismo que generan sus monumentos, es importante. Además, una misión arqueológica genera de por sí una actividad económica destacable. Con lo que pagamos a nuestros obreros y empleados egipcios el mes y medio de campaña se mantienen muchas familias una parte del año. Tengo que decirle que convivir con nuestros obreros, con los profesionales egipcios que participan en el equipo, establecer lazos con ellos, muchas veces de franca amistad, son sin duda una de las gratificaciones más intensas de esta aventura. Los egipcios ven con muy buenos ojos a los españoles, les gusta mucho cómo les tratamos, se sienten próximos. Ellos, por su parte, nos enseñan importantes valores como la hospitalidad, la fidelidad y una capacidad de trabajo y de afrontar los retos realmente admirables.

-Vayamos al grano. ¿Qué está deparando esta campaña?

-Es la octava y está resultando tan intensa como las anteriores. Estamos estudiando y restaurando el enterramiento intacto que encontramos el año pasado de un noble tebano de hace 4.000 años, Iqer, que fue sepultado con un precioso ajuar de arcos, flechas, bastones de mando expresivos de su autoridad, todo ello dentro de un precioso ataúd decorado con textos jeroglíficos policromados con vivos colores. La excavación propiamente dicha se está llevando a cabo en el exterior, en la ladera de la colina, para tratar de acceder al interior de una de las tumbas de nuestra concesión, la de Hery. Además, dentro de la tumba de Djehuty, que da nombre a nuestro proyecto y que fue otra personalidad de relieve en su época, estamos excavando la cámara funeraria, que promete darnos muchas alegrías; y, en otra tumba que comunica con ésta estamos trabajando en galerías subterráneas que almacenan cientos de momias de ibis y halcones, sagrados para los antiguos egipcios. Cada día nos guarda nuevas sorpresas al ir desentrañando las huellas de una cultura milenaria como ninguna.

-Le imagino viviendo en un subidón constante el tiempo que está en campaña.

-Así es. Es toda una experiencia: un día te topas con un sarcófago, otro con una momia, otro día aparece una cavidad por la que introduces la linterna y te galopa el corazón...

(Lea la entrevista completa en la versión impresa de El Correo de Andalucía)

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