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¿Hacia un Estado de Excepción?

La cultura de los derechos invade nuestro país y nos anima a cifrar en términos de derechos nuestros problemas y carencias. Quizás sea una reacción a las privaciones de la dictadura. Es, con todo, llamativo que nuestra reacción no haya sido la de imbuirnos del espíritu liberal, tan frecuente tras una dictadura y hoy tan en entredicho...

el 15 sep 2009 / 22:17 h.

La cultura de los derechos invade nuestro país y nos anima a cifrar en términos de derechos nuestros problemas y carencias. Quizás sea una reacción a las privaciones de la dictadura. Es, con todo, llamativo que nuestra reacción no haya sido la de imbuirnos del espíritu liberal, tan frecuente tras una dictadura y hoy tan en entredicho, que demanda del Estado un mínimo nivel de intervención en el desarrollo de nuestro potencial individual.

Ni tampoco hemos reaccionado, superada ya la transición, abrazando el espíritu cívico-participativo que sostiene el principio democrático, tomando conciencia de que por fin el Estado es un espacio que todos compartimos, asumiendo nuestra modesta parte de responsabilidad en el funcionamiento de la cosa pública. No, nuestro país ha reaccionado anteponiendo a la cultura de la corresponsabilidad la cultura de los derechos, especialmente en la medida en que éstos nos legitiman para demandar prestaciones del Estado.

Cegados por la cultura de los derechos son ahora los jueces, ese poder del Estado encargado precisamente de garantizarlos, quienes reclaman para sí el derecho a la huelga. Dejémoslo claro: los jueces no pueden tener derecho a la huelga porque ellos son el poder judicial, porque sin poder judicial operativo el Estado se desmorona, empezando por los derechos que en él se reconocen y este poder garantiza.

Cifrando sus reivindicaciones en términos de derechos, los jueces pretenden disfrazar de legitimidad un acto de rebelión que nos acerca a una situación de excepción. Los poderes públicos deben ser los primeros en entender que el Estado democrático no descansa exclusivamente sobre la sola lógica de los derechos, que exacerbando dicha lógica en detrimento del sentido de responsabilidad democrática se erosiona el Estado, derechos incluidos, más que con el actual colapso judicial.

Profesora de Derecho Constitucional y miembro del Consejo Editorial de El Correo.

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