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Hallan en la Encarnación la casa de un rico comerciante hispalense del siglo VI

No era finalmente una basílica paleocristiana lo que escondía el subsuelo de la Encarnación, sino la imponente casa de un aristócrata hispalense del siglo VI d.C. vinculado al obispo del momento. Lo certifica la excavación del área que aún faltaba por desenterrar. La cripta que se abrirá a la visita a final de año tiene una propina de lujo inédita en la península.

el 16 sep 2009 / 02:10 h.

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No era finalmente una basílica paleocristiana lo que escondía el subsuelo de la Encarnación, sino la imponente casa de un aristócrata hispalense del siglo VI d.C. vinculado al obispo del momento. Lo certifica la excavación del área que aún faltaba por desenterrar. La cripta que se abrirá a la visita a final de año tiene una propina de lujo inédita en la península.

Es la guinda, el brillantísimo colofón a la larga, compleja y rica sucesión de campañas arqueológicas desarrolladas en los más de 6.000 metros cuadrados de la plaza de la Encarnación para hacer posible el proyecto Metropol Parasol, el de las setas gigantes que tanta división de opiniones genera. Pero esa controversia nada tiene que ver con lo que acontece bajo tierra, donde el equipo comandado por el arqueólogo Fernando Amores le da forma a una cripta arqueológica que marcará un antes y un después en el conocimiento y disfrute del pasado de la ciudad.

Y el último hito está recién excavado e interpretado, que todo es importante en Arqueología. De hecho, hasta hace bien poco se daba por hecho que la última zona que deliberadamente los arqueólogos se habían reservado para el final guardaba en sus entrañas los cimientos de una basílica paleocristiana. Así se interpretó después de que, durante los sondeos, apareciera, en la parte más próxima a la calle Alcázares, parte de una estructura semicircular que se identificó como el ábside de una iglesia. Por si fuera poco, en zonas próximas fueron apareciendo vestigios deslavazados que apuntaban en la misma dirección: el fragmento de un epígrafe donde se habla de la reforma de la techumbre de un templo, la cabeza-retrato del primer hispalense conocido, adscrita a un cementerio cercano...

Pero no. La sorpresa ha sido mayúscula. Se acaba de concluir la excavación de este área y ya ha podido ser identificado el contexto y, con él, el significado de las estructuras que quedan. "Ya podemos decir que no se trata de una basílica paleocristiana, ni siquiera de una especie de monasterio, como llegamos a elucubrar al ver que presentaba tantos restos de elemento litúrgico", cuenta Amores.

Se trata de la casa de un principal hispalense, muy posiblemente emparentado con el obispo del momento, que se dedicaba al comercio de productos litúrgicos. Era lo usual en una época, el siglo VI de nuestra era, en la que el cristianismo se sigue expandiendo con brío mientras el Imperio romano está en franca decadencia. En este contexto, la religión y la Iglesia empiezan a desarrollar el poder que le caracteriza históricamente y alrededor de los obispos se crea una estructura comercial de la que el hallazgo de la Encarnación representa un magnífico ejemplo. Y además inédito. Lo recalca Amores: "No se ha documentado hasta la fecha en la Península Ibérica un hallazgo como éste, mucho más relevante que si se hubiese tratado de una basílica paleocristiana".

El hallazgo en sí consta de restos que, en su parte más antigua, desvelan los cimientos de una casa del siglo II que, con el correr del tiempo y la riqueza de sus propietarios, fue copando casas vecinas hasta presentar su máximo esplendor en el siglo VI, centuria en la que queda acreditado que su dueño se dedicó a abastecer a las iglesias de productos y objetos litúrgicos: ánforas con vinos de consagración de Gaza y Palestina, mesas de altar, cálices... Los importaba de Oriente a través del río, gozando de ciertos privilegios en este comercio por su vínculo con la jerarquía eclesiástica.

Del poderío de la casa de este hispalense de la aristocracia del momento -la mayor de las excavadas en la Encarnación- da fe su enorme patio de más de 130 metros cuadrados. Pero la zona más llamativa es su salón principal o de reuniones, que hacía las veces de comedor de gala. Presenta una configuración en forma de herradura o letra sigma, por lo que el complejo ha sido bautizado como la Casa del Sigma.

"Era un espacio asociado al mundo del prestigio y la representación", afirma Amores, quien remacha su importancia a la hora de analizar las relaciones entre economía, religión y sociedad. Junto al salón han aparecido restos de otras estancias, entre ellas los almacenes en los que el potentado conservaba el género litúrgico con el que comerciaba.

"Todo esto se puede leer en esta casa excepcional pese a que fue muy expoliada en sus materiales constructivos, algo lógico al ser lo último que se edificó justo antes de ser arrasada", explica el director de las excavaciones, quien aventura que el visitante podrá hacerse una idea cabal de este hito con el apoyo de maquetas y textos explicativos.

Concluye la excavación y se pone a punto la cripta

No hay un solar en el conjunto histórico de Sevilla donde han trabajado más arqueólogos y durante tanto tiempo. La primera fase de excavaciones en el solar de la Encarnación data de noviembre de 1998, cuando el proyecto original pasaba por convertir el subsuelo de la plaza en un inmenso aparcamiento.

Por fortuna, esa idea se fue moldeando, discutiendo y replanteando, algo en lo que tuvo mucho que ver la cantidad y sobre todo la calidad de los restos arqueológicos desenterrados, suficientes como para justificar la creación de una cripta arqueológica con la que mostrar al gran público el riquísimo pasado de las Sevillas romana e islámica. A todo eso se le ha dado en llamar Antiquarium.

Tradición y modernidad convivirán en esos más de 6.000 metros cuadrados excavados, y de paso -es el origen del proyecto- se le dará solución definitiva a los placeros de la Encarnación, que han aguantado más de tres décadas de provisionalidad y de promesas municipales huecas.

La obra de este mercado de abastos, inscrita dentro del controvertido proyecto Metropol Parasol firmado por el arquitecto alemán Jürgen Mayer, marcha a muy buen ritmo, por lo que se baraja su inauguración para antes de 2010 -fecha de estreno prevista para el complejo al completo-. Si fuera posible, con él podría abrir también el Antiquarium, según la estimación del responsable del proyecto, Fernando Amores.

Será posible porque las excavaciones prácticamente han concluido con el epílogo reportado por la imponente casa romana recién aparecida, restando ahora labores propias de restauración de mosaicos -algunos se están oreando para que suelten la humedad de tantos siglos bajo tierra- y de reposición de muros romanos a sus cotas originales -hubo que extraer bastantes para poder hacer las cimentaciones de los parasoles o setas-.

Al mismo tiempo, se afina en la disposición de lo que se verá durante la visita, que será mucho y bueno, a saber: una casa islámica con su noria de agua, varios hogares romanos con suelos de mosaicos, las piletas de una factoría de salazones romana -que ilustran el pasado portuario de esta zona-, la cabeza-retrato del primer vecino de la Encarnación... "Será un depósito de la memoria de excepción, único", resume ilusionado Amores.

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