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Hartos de tanto recorte

La extrema dureza de las reformas del Gobierno de Mariano Rajoy han sacado a la calle a millones de personas.

el 30 dic 2012 / 19:02 h.

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Contra los recortes, protestas. Contra la privatización de la sanidad, protestas . Contra la crueldad de los mensajes de los matarifes, protestas. Contra la hipersubvención a los bancos, protestas. Contra la subida de los impuestos y el aluvión de tasas, protestas. Contra la reforma laboral que abre una autopista al despido, protestas.

El 2012 ha sido el año de la calle frente a las medidas que afeitan el estado del bienestar, sin paños calientes, crema ni loción. A pelo. El año de las dos huelgas generales (29 de marzo y 14 de noviembre), lo nunca visto en la historia reciente. Al margen, o además, de los partidos de izquierda tradicionales y los sindicatos, médicos, enfermeras, maestros, profesores de universidad, estudiantes de todos los niveles, jubilados, desempleados, funcionarios de sueldo adelgazado, prejubilados a los cincuenta y poco se han rebelado, no se han callado y han hecho mucho ruido en la docena de meses del desgobierno de Mariano Rajoy. La agitación ha sido tanta que a la Real Academia de la Lengua le tocará revisar el diccionario y añadir términos y expresiones nuevos como yayoflauta o stopdesahucios.

Mariano Rajoy se estrenó como presidente con un catálogo de tijeretazos que dejaban pequeño al anterior según caían las hojas del calendario. Especialmente la de todos los viernes. El día del Consejo de Ministros, antesala de fines de semana calientes en la calle pese al aturdimiento causado por el anuncio de las medidas. En las redacciones de los diarios se acuñó la frase "si hoy es viernes, toca recortes". Lo confirmarán casi todos los responsables de las secciones de Economía. Casi todos.

Todos los viernes eran de vértigo en la capital de España. Las medidas exigidas por el cíclope Merkozy --disuelto luego por las urnas de Francia-- convirtieron a Rajoy en un auténtico manostijeras desde el primero de enero. El paro se desbocaba entonces y confirmaba la recesión. Era solo el principio de una caída al vacío sin fin. Y Rajoy no es Baumgartner.

Las palabras que más han sonado todos los meses han sido reforma, crisis, mercados, rescate, recesión... Ampliamente respondidas por los ciudadanos en las calles. La reforma laboral ha escrito varios capítulos con Soraya Saéz de Santamaría, vicepresidenta, y Fátima Báñez, ministra de Trabajo, como bustos parlantes. En la maleta del ventrílocuo, dos ministros en disputa, Luis de Guindos (Economía) y Cristóbal Montoro (Hacienda), con mensajes contrarios y complementarios. Graduados en eufemismos, los mensajeros del desastre han sido capaces de enmascarar la realidad sin que se les escapase la risa. La procesión --tan cristianos ellos-- iba por dentro.

De Guindos evitó decir "vamos a subir el IVA" con la expresión "vamos a modificar la imposición al consumo". Montoro maquilló la amnistía fiscal en "incentivar la tributación de rentas no declaradas". Santamaría pensaba en "quitar competencias a las comunidades" pero decía "hay que reordenar nuestro estado autonómico". El diario de citas registra también el caso del conseller catalán Andreu Mas-Colell ("introducir un tíquet moderador" por "vamos a imponer el copago"). Y Rajoy suavizó "recortes" refiriéndose a "reformas". Puro miedo a meter la pata, advirtió un analista de lo gestual. Basta con zapear en el DVD los clásicos "eeeeh..., eeeh..." de Mariano Rajoy cuando no sabe esquivar según qué cuestiones o se le escapa, como aquel 2 de febrero, la frase: "Vivo en el lío". De ahí que cada vez sean más las ruedas de prensa con periodistas a los que se les prohíbe hacer preguntas.

La reforma laboral convocó las primeras manifestaciones en las principales ciudades. Al lema de los sindicatos aquel 19 de febrero de "injusta, ineficaz, inútil", Rajoy replicó ese mismo domingo en un mitin con sus contrarios: "Justa, buena, necesaria". Un ensayo general para el pulso general del 29-M. Ante el gran eco de la huelga, el Gobierno respondía con más recortes contra el Estado del bienestar. La dieta Rajoy frente a las exigencias de los mercados. "¡Viva el mal, muera el capital!", bramaban los manifestantes cualquier sábado por las calles españolas, en acciones contra la Europa de Merkel, a las que difícimente se permitía la presencia de los políticos de izquierdas de toda la vida. Era mayo, y en eso reventó aún más la banca. ¿Había sido insuficiente la anterior inyección de cientos de miles de millones para salvar a los bancos y las cajas españoles, mientras se segaban derechos a los contribuyentes Pues se ve que sí. Bankia somos todos, titular de la edición del 8 de mayo de este diario. Y tanto que éramos todos. Se ha comrpobado a lo largo del año. Cuando caía diciembre, sus 350.000 accionis-

 

*tas se enteraban de que perdían casi toda su inversión. Para salvar a la entidad tras la que se esconden los manejos de la élite del PP (Rodrigo Rato, José Luis Olivas, Esperanza Aguirre,...) cada español tenía que soltar 497 euros. A estas alturas ni se sabe.
Como el ajuste de Rajoy: cifrado en 40.000 millones en enero hasta engordar hasta los 65.000 millones en julio.

¿Cuántas veces habrán ensayado el gesto de perplejidad antes de aparecer en público Rajoy, ante el espejo mientras Guindos y Saez de Santamaría le sostienen el hacha, los exdirectivos de Bankia vestidos de clase media al entrar en la Audiencia Nacional. "Creo, lo creía entonces y lo creo ahora, que hice lo correcto. Mi gestión no tuve coste para el contribuyente", impostó el que fuera ministro económico de Aznar y magnate del FMI.
Qué poco les importaba a unos y otros que creciera la indignación por ciudades, barrios y pueblos. El castigo se cebaba con los más débiles, el número de viviendas desahuciadas por los bancos superó las 49.000, la sanidad se privatizaba por cojones y los maestros sucumbían aplastados por el peso de los recortes.

"In-ter-ve-ni-dos"
Qué frialdad también en el desconcierto de los viernes, Consejo de Ministros, para seguir estrujando. Cómo disimulaban las exigencias de Europa. La calle se rebelaba y Rajoy se esfumaba. Este diario tituló "In-ter-ve-ni-dos" (11 de julio), la palabra que el presidente no se atrevía a pronunciar. Tampoco lo hará en el 2013. A los pocos días, de la chistera del aflautado Montoro emergió la subida del IVA , que puso también en pie de guerra al mundo de la cultura, el espectáculo y la edición.

Las portadas de este diario ayudan a tomar la temperatura del conflicto. Las fiebres más alta se detectan en julio. En la sesión del Congreso donde se aprobó la reforma laborales que castigaba a consumidores y parados la hooligan Andrea Fabra gritó, desde la bancada azul que aplaudía, ese "¡Que se jodan!" que no se olvida aunque no lo recojan las actas del Congreso.

La angustia se desbocó.
Ocho comunidades abrieron al puerta al rescate y las protestas continuaron, grandes y pequeñas. Había motivos para la huelga general del 14-N. En una de las manifestaciones, la de Barcelona, Ester Quintana quedaba tuerta en el fuego cruzado con los mossos. Ese parche exige aclarar qué pasó.

14N.
La calle bramó y el Gobierno bajó las pensiones e hizo creer que frenaba los desahucios. Contra las mentiras, protestas. Más protestas. Seguiremos informando.

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