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Hasta el gorro del partido único

Miles de españoles de mi generación terminamos hasta el gorro del Movimiento Nacional, aquel engendro de partido único que se sacó de la manga en 1938 Serrano Súñer para maquillar la dictadura con el contraste de pareceres.

el 15 sep 2009 / 11:29 h.

Miles de españoles de mi generación terminamos hasta el gorro del Movimiento Nacional, aquel engendro de partido único que se sacó de la manga en 1938 Serrano Súñer para maquillar la dictadura con el contraste de pareceres. El Movimiento Nacional malvivió hasta 1975, pese a que incluso sus jerarcas se lo tomaban a cachondeo y no tenía otra finalidad que la de servir de instrumento para medrar en el escalafón político y mantener las sinecuras, y naturalmente los coches oficiales, con que el régimen premiaba a sus más obedientes partidarios.

Acaso la principal característica de aquel abominable partido, construido a imagen y semejanza del Fascio italiano, era la ausencia de oposición tal como la entendemos en toda democracia no orgánica. La Oposición, con mayúscula, es lo que da sentido al Gobierno y sus funciones, recogidas en la Constitución Española, son tan importantes como las del propio Ejecutivo al que controla y audita permanentemente en el Congreso de los Diputados y en el Senado, así como en los parlamentos autonómicos y entes locales. El decaimiento en la labor de oposición leal y democrática es un envilecimiento del sistema que conduce a la corrupción administrativa, al conchabeo y al nepotismo.

No es verosímil que entre ciertos comentaristas exista el menor deseo de ir hacia el partido único, pero a veces lo parece. Y lo digo porque en cuando Rajoy o cualesquiera de sus portavoces amaga con críticas a la labor del Gobierno, siempre aparece en las ondas, en los papeles o en el universo on line alguien más papista que el papa advirtiendo que el PP vuelve a las andadas.

Veamos. Hubo coincidencia general al final de la anterior Legislatura sobre la crispación que habían generado los populares y de la necesidad de bajar el pistón. El griterío y la incoherencia de muchas de las actuaciones de Zaplana y sus adjuntos en las sesiones de control de los miércoles condujeron al PP a un callejón sin salida. No había otra solución que la que adoptó Rajoy al constituirse las nuevas Cortes: cambiar de portavoces. Soraya Sáenz de Santamaría y su equipo es la representación misma de la moderación en las formas, aunque seguramente no en el fondo. La elección ha sido un acierto.

Es de esperar que los agoreros de la pluma y el micrófono no sigan con esa cínica estrategia de intentar meterle las cabras en el corral al PP cada vez que, en ejercicio de la legítima labor de oposición, plantea críticas al Gobierno. La ausencia de oposición conduce, en todos los casos conocidos en el mundo, al partido único, del que los españoles de varias generaciones terminamos hasta el gorro, por decirlo educadamente. Porque una cosa es que el nuevo clima de entendimiento entre Gobierno y Oposición permita alcanzar acuerdos sobre asuntos atascados desde hace años y otra muy distinta que el Partido Popular deje de cumplir con su obligación. El reparto de papeles está muy claro, y somos inmensa mayoría los que no queremos nuevos letristas para una etapa de la vida española que se va desarrollando razonablemente bien.

Periodista

gimenezaleman@gmail.com

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