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"Hay equipos pedagógicos que machacan la literatura infantil y juvenil"

Una historia de animales y misterios ambientada en Estambul fue la obra con la que este escritor obtuvo el premio Lazarillo en su última edición. Ahora acaba de ver la luz en Edelvives.

el 15 jul 2012 / 20:15 h.

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A José Antonio Ramírez Lozano, extremeño de cuna y sevillano de adopción, la jubilación parece haberle sentado de maravilla. En lo que va de año ha publicado tres libros para jóvenes y un poemario, y tiene a punto de ver la luz una novela corta. Aprovechando el cese de su actividad como profesor, hizo un viaje a Estambul del que regresó fascinado y con una historia en la cabeza. Lengua de gato (Edelvives), último premio Lazarillo, es la materialización de aquella idea.

"Nunca imaginé que hubiera aquellas cisternas que son como mezquitas sumergidas, y al momento imaginé a un gato bajando allí donde nunca ha llegado la luz", recuerda el autor. "Concebí entonces una historia que básicamente es una fábula, por más que haya personajes humanos como una tejedora de alfombras. Pero los protagonistas son el lenguaje y la imaginación, los elementos que más me interesan", dice.

Aunque los gatos tienen una larga tradición literaria, Ramírez Lozano dice no ser demasiado amigo de ellos en la vida real. "Soy de pueblo, mi familia es de campo, pero las amistades nunca han sido para mí una afición. Sí me han interesado las hormigas, que tienen algo de escritura; pero en mis libros no aparecen los cochinos, que era lo que se criaba en mi casa", comenta.

Lengua de gato no es, sin embargo, la primera incursión de Ramírez Lozano en la literatura dirigida al público más joven. Recientemente Algaida ha reeditado El cuerno de Maltea (1997), su primera aproximación al género, y a partir de ahí ha llegado a publicar más de una docena de títulos en todos los sellos prestigiosos en España, desde kalandraka a SM, pasando por Everest o Edelvives.

Por otro lado, José Antonio Ramírez Lozano asegura sentirse el mismo cuando escribe para la cantera de lectores que cuando se sienta a producir obras en verso o a dar forma a novelas adultas. "Yo al menos no noto el cambio", afirma. "Hay obras que me salen con cierta ingenuidad y parecen más apropiadas para un público infantil o juvenil, pero las editoriales a veces me han echado para atrás cosas que he escrito porque prefieren textos más ramplones. En España hay equipos pedagógicos que están machacando la literatura infantil y juvenil", lamenta el escritor.

"A veces me dicen que esta cosa o aquella son rebuscadas", prosigue. "Yo digo que no: son imaginativas. El niño es niño, pero no es gilipollas. Con demasiada frecuencia se rebaja la literatura a condición didáctica, y yo lucho contra eso".

Por último, Ramírez Lozano sonríe cuando se habla de la extraordinaria fertilidad de su pluma. "Algunos dirán que publicar mucho es peor, pero para mí es la cosa más natural del mundo", explica un autor que en los últimos años ha publicado libros como Las manzanas de Erasmo, La oca de oro, caliches, La flor del toronjil o Humo de pajas.

"Escribo mucho porque le pido a la lengua que me diga cosas", concluye. "No la uso para expresarme, como suelen decir mis compañeros, sino para escucharla".

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