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Deportes

Hay portero y hay delanteros

El Betis tiene los dos cimientos vitales que necesita todo buen equipo: alguien que evite los goles del rival y alguien que los marque.

el 08 ene 2012 / 22:48 h.

Jorge Molina sustituye a Santa Cruz.
Un equipo de fútbol empieza en un portero y acaba en los delanteros. En medio hay otros ocho o nueve compañeros, pero lo primero es impedir que te hagan gol y lo segundo es marcarlos. Y el Betis va bien servido en ambas misiones. Por orden de alineación, el que siempre la encabeza es el meta. Es decir, Casto. He aquí su actuación ante el Sporting: manopla salvadora ante De las Cuevas y dos o tres salidas providenciales. Hacer la cuenta con un 2-0 final a favor es complicado, pero uno o dos de los tres puntos que anoche ganó el Betis deben aparecer por fuerza en el haber de su cancerbero. Y no es la primera vez. Después de mucho tiempo, años quizá, el conjunto verdiblanco tiene un portero que le da puntos.

El día que Casto confirmó su indiscutible titularidad en el Betis fue también el día en que Rubén Castro falló lo que no es normal en él. No importó. Erró el mejor goleador del Betis en las últimas temporadas pero aparecieron en su lugar sus dos escoltas, el nuevo y el de toda la vida (en el Betis, se entiende). Santa Cruz vio portería por segunda jornada consecutiva y Jorge Molina se reencontró con la puntería en la Liga, que falta le hacía. Y además hablamos de dos grandes goles, de delanteros puros y duros. El primero, tras control orientado con el pecho y lanzamiento seco y cruzado con el balón a media altura; el segundo, con un sutil toque por encima del portero enemigo.

Alberto Rivera estuvo cuatro años en el Betis. Salvo el famoso partido ante el Chelsea en el que Roman Abramovich presuntamente preguntó a Manuel Ruiz de Lopera quién era aquel jugador "chiquitito", poco más merece reseñarse de su trayectoria en Heliópolis. El beticismo, sin embargo, le tocó ayer las palmas cuando salió del césped. Que me lo expliquen, por favor. De aquí se han ido abucheados, vilipendiados, odiados, chavales de la casa que siempre cobraron menos que quienes vinieron de fuera y a cambio ganaron una Copa del Rey y un puesto en la élite de Europa. Y Rivera, que por cierto descendió y fue silbado en más de una ocasión, es aplaudido ahora... Está claro que el Betis es único. Para lo bueno, para lo malo y para lo extraño.

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