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"Hay que ser cristianos bien enraizados en nuestra fe"

A través de sus trabajos profesionales, cinco fieles laicos comparten su experiencia y muestran cómo hacen posible la Evangelización en el mundo: se trata de vivir el mensaje del Evangelio en el lugar donde estás

el 27 mar 2014 / 18:53 h.

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Por C. Arredondo / I. Gutiérrez ¿Se puede ser cristiano y moderno? ¿Es la fe algo pasado de moda? Cinco laicos, cinco cristianos de a pie, que no han hecho votos en ninguna congregación y simplemente desean que Jesucristo sea el centro de sus vidas, cuentan cómo se concreta en su día a día esa decisión firme de ordenar su vida en torno a Dios. Ellos han descubierto a través de diferentes congregaciones religiosas con las que han tenido contacto a lo largo de sus vidas qué es lo que Dios espera de ellos, es decir, su vocación. Algo que se va descubriendo a través de los signos que la vida te pone por delante y a base de reflexionar sobre el papel de cada uno a través de las experiencias vitales y de las relaciones con la familia, el trabajo y los amigos. Esa vocación consiste en santificarse en medio de la sociedad y hacer experimentar a las personas con quienes tienen contacto, el amor de Dios y la plenitud de la filiación divina, de lo que significa y aporta a sus vidas el saberse hijos de Dios. Cuestiones demasiado espirituales y aparentemente casi inalcanzables, pero que se concreta de manera muy práctica en la vida diaria como muestran estos laicos en sus testimonios. Una palabra amable, atender las necesidades de una persona, valorar a un futuro empleado no por sus creencias religiosas si no por sus virtudes y valores, son algunas de las situaciones en las que un laico muestra su semejanza con Jesucristo. Estas personas reivindican también su vocación como una llamada más, como puede ser la de monja o sacerdote, y que se concreta en sus circunstancias personales, algunos dentro del matrimonio, otros como solteros, trabajando en un hospital, en una panadería, en un partido político o en cualquier lugar donde desarrollen su trabajo profesional. A través de sus lugares propios en el mundo, del sitio donde Dios quiere que estén, complementan la misión de los religiosos, porque, al fin y al cabo, es la misma para todos: llevar la imagen de Cristo a todas las partes, atendiendo a las circunstancias y contextos de la sociedad. Ricardo Granado, subdirector de editorial San Pablo, recordaba durante la jornada que «cada uno desde su propia vocación específica intenta aportar un verdadero servicio a la sociedad para mejorarla».

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