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Hay que valorar más las cosas

Albert Llovera y Sharon Blynn cuentan su hazaña de superación y aconsejan valorar las cosas antes de perderla.

el 09 nov 2009 / 21:57 h.

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Aunque no lo parezca, el titular de este reportaje hace referencia a una peculiar historia de amor: la de dos protagonistas del esfuerzo y la superación con ellos mismos y su autoestima. Y es que, aquel refrán de que no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde lo han sufrido en sus carnes estos maestros del optimismo, que también han tenido que aprenderse al pie de la letra otro dicho, el de al mal tiempo buena cara. Sharon Blynn y Albert Llovera son dos personas que han estado en lo más alto y, cuando la vida les ha mostrado su peor cara, han sabido mirar hacia delante y aprender a ser mejores.

A Sharon Blynn, una modelo estadounidense, un cáncer de ovarios le ha enseñado a amar y amarse. Quince años después, aquella dura enfermedad que le sorprendió cuando era casi una adolescente sigue formado parte de su vida, aunque de una forma mucho más hermosa.

Incluso le ha servido para dar nombre a la asociación que fundó una vez curada, La calva es bella, cuyo objetivo es ayudar a las mujeres para que acepten su propia imagen y luchen por vivir. “Antes el pelo era mi seña de identidad y cuando lo perdí me preguntaba quién iba a ser ahora.

Tenía miedo a morir y a sentirme fea, pero pronto me di cuenta de que, junto a la medicina, otro importante caballo de batalla era mi actitud personal, por lo que tuve la necesidad de hacer algo para que las mujeres se sientan bien en mente, cuerpo y espíritu”.

Sharon ha aprendido a superarse y a valorar la vida, un consejo que intentará transmitir al millar de jóvenes que se han inscrito de forma gratuita en el II Congreso de Jóvenes con Valores, que acoge hoy el Palacio de Exposiciones y Congresos. Eso sí, esta valiente mujer de pasarelas espera que “aprendan a amarse antes de estar enfermos”.

Otro gran modelo, pero esta vez de la superación física, también vivía de su cuerpo cuando sufrió un fuerte revés: “Yo vivía de mis piernas”, cuenta Albert Llovera, un deportista de alto nivel que vio esfumarse la mitad de sus sueños cuando, mientras participaba en la Copa de Europa de esquí, se le cruzó un cronometrador y sufrió un accidente que lo dejó postrado en silla de ruedas por una paraplejia localizada a partir del nivel dorsal, con sólo 18 años.

Sin embargo, han sido otras ruedas y su incansable espíritu de constancia lo que lo han mantenido en plena élite deportiva. En lugar de rendirse, Albert –padre de una niña– se dejó llevar por su otra gran pasión, el automovilismo, y de ahí hasta hoy, cuando figura como piloto oficial de la marca Fiat y lleva por bandera ser el único discapacitado que ha participado en el Campeonato del Mundo de rallies compitiendo contra rivales sin minusvalía, una licencia que le costó algunos años pero que ya le ha dado otros tantos títulos.

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