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"Hay riesgo de ruptura si a un entorno laboral hostil sumamos la insolidaridad"

el 06 oct 2012 / 19:24 h.

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-¿Cómo logra mantener la motivación tras 30 años de trabajo en un sector con tanto desgaste físico como emocional?

-Es un trabajo muy gratificante. Me aporta más de lo que doy. En esta vida todos tenemos derecho a tener nuestras posibilidades, y hay gente que no las tiene o a las que se las hemos coartado demasiado. Luchar por que cada uno tenga su proyecto de vida es bonito.

-¿Qué grado de responsabilidad tiene la sociedad en esta merma de derechos y cuánto depende de la propia enfermedad?

-Lo que depende de nosotros es la mirada. Hay un estigma muy importante. Siempre se ha asociado enfermedad mental con peligrosidad, cuando la asociación que yo hago es más entre enfermedad mental y soledad y sufrimiento. Está demostrado que no hay más agresividad entre enfermos mentales que entre el resto de la población. Pero sí hay más enfermos mentales que reciben agresión y violencia. Son muy vulnerables, no saben moverse como nosotros, lo que no quiere decir que no puedan aprender o desarrollar sus capacidades.

-¿Habrá tras esta crisis más enfermos mentales?

-Esta crisis produce, por ejemplo, en el ámbito laboral un nivel de crispación que hace que la gente se vaya cargando de razones para no estar bien. Primero, porque las tiene y, segundo, porque en el contacto humano no estamos generando mecanismos de cooperación sino de cabreo. Estamos todos expectantes, diciendo: "Por favor, que me dejen como estoy". Es un mecanismo de compensación natural. Necesitamos protegernos. Pero nos estamos volviendo más vulnerables a la intolerancia, a la falta de respeto a nuestro entorno. Somos más vulnerables y estamos más en riesgo de atender peor a nuestros hijos adolescentes... Todo esto hace más frágiles determinados elementos básicos para la persona, como la seguridad. Si a un entorno laboral hostil sumamos la falta de un entorno que diga "venga, vamos a compartir lo que hay", hay riesgo de ruptura.

-Como siempre, las redes sociales, pero las de verdad.

-¡Claro! Mi madre, mi padre, mi primo... Las redes que antes nos ayudaban a superar de forma natural los dolores. ¿Cómo hacemos el duelo ahora? Tenemos que superarlo en dos días, y si no se supera, al psicólogo. La sociedad nos exige que seamos perfectos. Desear ser perfectos es la mayor inmadurez. El que quiera serlo es un enfermo, obsesivo, narcisista o lo que sea, pero un enfermo.

-¿Ha aumentado el grado de vulnerabilidad de las personas que tratan por la crisis?

-Nosotros trabajamos con una población ya muy grave, con familias muy desestructuradas y que han sufrido mucho. El impacto de la crisis en estas personas que están bastante separadas de lo que es la sociedad se traduce más en un temor por si les van a quitar la pensión. Sí se ve mayor impacto en los jóvenes. Hay una situación que preocupa mucho a sus familias: qué va a pasar con ellos en el futuro. Hasta ahora se había creado una red de ayuda muy potente. El movimiento asociativo ha trabajado duro para conseguir muchos recursos.

-¿Qué mensajes les pueden trasladar a esas familias?

-Soy una mujer que se define de izquierdas, pero en estos momentos digo públicamente que soy conservadora. Quiero conservar lo que hemos logrado. Vamos a pelear por no dar ni un paso atrás. Ni uno. Ahí tenemos que estar todos juntos. En Andalucía hemos conseguido algo que, siendo muy imperfecto, a nivel filosófico la gente no es consciente de ello: no hay manicomios. Tenemos una red basada en los valores de respeto y democracia. Y eso hay que defenderlo. Me van a tener enfrente si lo que quieren es volver a tener un lugar con 50 personas con enfermedad mental.

-Usted fue una de las artífices del desmantelamiento de los psiquiátricos en Andalucía, ¿fueron las familias las más reticentes a la reforma?

-Las familias tampoco querían un manicomio. Aquello era vergonzoso aquí y en cualquier lugar del mundo. Las mayores reticencias vinieron de los profesionales y la sociedad. Hubo periodistas que hicieron mucho daño. En vez de llevar al público el debate sobre qué reforma hacer lo que llevaron fueron descalificaciones. Y caló hondo. Pero los pacientes no van a querer volver a ser encerrados.

-¿Han cambiado los medios esa mirada?

-Hay más cuidado.

-¿Esos cambios se han traducido en una mirada también más limpia de la sociedad?

-En gran medida, sí. Pero hay un colectivo organizado en torno a lo políticamente correcto a la que todo lo que se salga de esto le molesta.

-¿Cómo salir del trabajo tras saber que no se puede hacer nada más por un enfermo?

-Con mucha frustración y con una sensación de que la continuidad, la constancia y flexibilidad es lo que nos va a permitir que la persona vea que le estamos ofreciendo mantener una libertad teniendo unas cuantas reglas.

-¿Una de las claves del éxito está en conformar equipos?

-La herramienta fundamental en salud mental es el equipo humano. Tenemos que preservar al personal suficiente para escuchar, para acompañar, atender... Los responsables de la política sanitaria están intentando ver de qué manera recortan sin tocar derechos ni prestaciones, pero sabiendo que en algún lado tienen que tocar. Esta situación genera mucha inseguridad.

-¿Es éste el momento más complicado que ha gestionado?

-Se ha puesto por delante el bienestar de los bancos al de los ciudadanos, y éstos lo captan. Yo no soy política, pero es real que los ciudadanos sienten que están sacándole las castañas del fuego a quienes están desahuciando a la gente. Y eso a nivel emocional es muy fuerte.

-¿A qué se habría dedicado de no hacerlo a la salud mental?

-Al mundo de la mujer.

-Otro colectivo vulnerable.

-Se ha ido empoderando con respuestas que hoy nadie cuestiona.

-Bueno...

-Los de siempre sí. El papa-móvil del señor Gallardón es peligroso que te mueres, pero socialmente nadie cuestiona la igualdad de derechos.

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