Cultura

«He intentado no pasar dos veces por el mismo charco», dice Ray Loriga

Autor emblemático para toda una generación, Ray Loriga (Madrid, 1967) no se cansa de escapar de los clichés en los que el mercado quiere encerrarle. Con su última novela, Ya sólo habla de amor (Alfaguara) vuelve a dar un giro temático y estilístico respecto a su producción anterior .

el 15 sep 2009 / 17:32 h.

Autor emblemático para toda una generación, Ray Loriga (Madrid, 1967) no se cansa de escapar de los clichés en los que el mercado quiere encerrarle. Con su última novela, Ya sólo habla de amor (Alfaguara) vuelve a dar un giro temático y estilístico respecto a su producción anterior para hablar del fracaso desde una óptica muy personal.

Lo primero que llama la atención de la nueva obra de Ray Loriga es que aborde un tema tan opuesto a la tendencia de la sociedad actual, en la que éxito o triunfo son términos venerados por la masa hasta el delirio. Según el propio escritor, "en cierta medida, sí me apetecía cuestionar lo que significan esas palabras. Pensé que se nos considera exitosos cuando somos activos como clientes, ya sea en cuestión de vivienda, muebles, ropa, estatus... Y en el amor, parece que el éxito se mide también por una foto, por una foto finish, y no por el resultado de un proceso", explica.

El protagonista de Ya sólo habla de amor es Sebastián, un personaje que, incapaz de superar su fracaso sentimental, se entrega gozoso a la derrota, bucea entre poemas de Wlliam Blake y va dando forma a un curioso alter ego, que contribuirá a que opere en su interior un profundo cambio. "Me interesaba darle al fracaso su color, su dignidad", prosigue el escritor. "Pero no recurriendo, como de costumbre, al malditismo, sino apelando al coraje de tomar tus propias decisiones. Ya sólo habla de amor es una reflexión sobre la construcción de un individuo".

Novelista, guionista y director de cine, Ray Loriga se dio a conocer a temprana edad con obras como Lo peor de todo, Héroes o Caídos del cielo, que le valieron el encasillamiento dentro de la llamada -y nunca del todo definida- Generación Kronen junto a autores como José Ángel Mañas o Félix Romeo. Su producción engordó, y buscó nuevos cauces, con Tokio ya no nos quiere, Trífero y El hombre que inventó Manhattan. Al mismo tiempo, colaboraba con directores como Almodóvar o Saura y debutaba él mismo como cineasta con La pistola de mi hermano, para dar un volantazo total en Teresa, el cuerpo de Cristo.

"Todo es el fruto natural de estos años, de una evolución hacia otros intereses literarios, y también otros referentes. Parece que en el mundo literario, si te van bien las cosas, estás obligado a dar siempre en el mismo clavo, pero yo como escritor no me siento encerrado en ningún sitio. Creo que a lo largo de mi carrera, si ya se puede hablar de carrera, he intentado siempre no pasar dos veces por el mismo charco", agrega.

Estrella del rock. Cuando se le pregunta si el amor está cobrando de nuevo un cierto prestigio en nuestros tiempos, Loriga opina que "siempre se ha escrito sobre el amor, aunque tal vez esté encontrando actualmente un público más amplio o una mayor recepción por parte de los medios, como prueba la buena acogida de autores como Ian McEwan o Haruki Murakami", comenta el madrileño.

Otro de los temas que aborda su novela es la confusión entre la realidad y la ficción, algo que Ray Loriga ve con la mayor naturalidad: "Cuando eres escritor, tu vida se va orientando hacia la ficción y la ficción acaba siendo tu vida", explica.

Interrogado acerca de una reseña del New York Times que le señalaba como "la estrella del rock de las letras europeas", Loriga asegura tajantemente que no se considera una estrella del rock, pero cree que "todos, no hay que engañarse, tenemos una especie de gesto que nos identifica. En Paul Auster es el azar, en Celine la locura, en Bukowski las borracheras... A mí también me pusieron mi etiqueta, pero eso quiere decir que estás vendiendo tu trabajo. Y eso puede ser bueno o malo", apostilla el escritor.

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