Cultura

«He sido un guerrillero, como el Ché»

Fue la voz flamenca del antifranquismo, sufrió calabozo y prohibiciones. El cantautor, como a él le gusta definirse, ofrece hoy un recital en el Teatro Alameda coincidiendo con la presentación de un libro sobre su vida.

el 14 sep 2009 / 20:01 h.

-Manuel Gerena vuelve a Sevilla. ¿Recuerda su última vez aquí?

-Claro, hará unos tres años, por el Día de Andalucía. Hubo un acto en la puerta del Lope de Vega, repitiendo uno de los conciertos que me prohibieron en 1976, y tuve hablarle a la gente con un megáfono... Fue bonito, llevé a mis amigos Manuel Molina y Romero San Juan, en paz descanse, y la gente estuvo muy cariñosa.

-Algo de acontecimiento sí tiene su recital en el teatro Alameda, ¿no?

-Bueno, el alcalde tuvo un encuentro conmigo, pedimos un teatro y la gente de la Bienal lo está organizando muy bien. Es un concierto más. A veces se habla del declive de Gerena, pero sigo siendo el artista andaluz más contratado, con 80 o 90 galas por año. Lo que ocurre es que canto en todas partes, menos en mi Andalucía.

-Pero con la dictadura todo el mundo le echaba cuenta, y con la llegada de las libertades la prensa pareció olvidarse de usted.

-Yo he sido un guerrillero, he sido el Ché Guevara. La prensa se ocupó de mí porque llenaba campos de fútbol y plazas de toros cuando los políticos no eran capaces de hacer eso. Era el mundo al revés: Raimon, Lluís Llach y yo hacíamos lo que ellos no podían. Lo que pasa es que con la democracia hay un relax necesario, el guerrillero se relaja y se pone a cantar y a componer. Pero mi voz no está en declive, todo lo contrario: como el buen vino y el buen queso, ha ganado con el tiempo.

-¿Sus letras también han cambiado con las nuevas realidades que se van planteando?

-El lenguaje sobre todo, es lo que más ha cambiado. Siempre he escrito muy directo, sin venderme a nada ni a nadie. Soy un hombre libre que escribe y canta a diario, y nunca me cansaré de pedir libertad, la justicia y la igualdad, pero en los últimos años he extendido el discurso a la defensa de la Naturaleza, a la necesidad de cuidar a los ancianos y que los niños no jueguen con armas. Gobierne quien gobierne, un poeta tiene que reclamar esa justicia social que nunca llegará al cien por cien.

-¿Está pendiente del flamenco que se hace ahora? ¿Qué cantaores le gustan?

-Me gusta la gente creadora, los cantaores que aprovechan la raíz de los viejos, pero lo que pido es personalidad. Si no la tienen, ya pueden cantar igual que Mairena, Caracol o la Niña de los Peines, que yo voy a preferir el original. Por eso me gusta Enrique Morente, de siempre, y de los jóvenes Poveda, que es un fenómeno, Arcángel... No quisiera olvidarme de nadie, pero éstos son chavales que beben de la tradición.

-Después de Sevilla, ¿es hora de cantar en su cuna, La Puebla?

-Estamos ahí... Soy una persona bastante ocupada, no sé si presentaremos el libro de Manolo [Bohórquez] allí, ya han mostrado también interés Marchena, Arahal, Paradas...

-Hombre, pero no será igual actuar en su pueblo natal, que en otro cualquiera de por ahí...

-No es una cosa especial. Se ha hablado de discriminación hacia mí, pero creo que es más una cuestión personal con determinados individuos, que con el pueblo y su ayuntamiento. En el 76-77 organicé allí un festival con 11.000 personas; estar o no en el festival de ahora, sinceramente, me da igual.

-¿Qué hueco ocupa el rencor en su corazón?

-Ninguno. Sigo siendo un luchador, pero en esa letrilla mía -"La envidia rompe en el hombre/ su verdadera nobleza/ la envidia mata y se esconde/ como el cobarde se expresa"-, yo ahí no estoy. Creo que el sol tiene que salir para todo el mundo, y que cada cual tiene algo suyo que decir y merece su espacio.

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