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"He visto tanta miseria que no se puede describir con palabras"

El cooperante Hernán Badenas relata el drama que se vive en la isla.

el 23 ene 2010 / 20:19 h.

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Hernán Badenas trabaja con los haitianos en Jacmel desde hace ya un año.

Hernán Badenas trabaja día y noche desde el 12 de enero, cuando la tierra se abrió en Haití causando una catástrofe humanitaria que añadía más desesperación a la ya complicada situación de los habitantes de la isla más pobre de América.


"He visto tantas tragedias y tanta miseria que no hay palabras para describirlas", aseguró en conversación telefónica con este periódico este valenciano de 27 años y coordinador de ayuda humanitaria de la Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP) en Jacmel, ciudad al sureste de Puerto Príncipe.


Badenas, que ya lleva un año colaborando con esta ONG en Haití, no pierde la esperanza pese a la magnitud de la tragedia. "No me puedo quedar con una sola situación ya que son todas muy trágicas, hay niños huérfanos, madres que no saben dónde están sus hijos, familias enteras destrozadas...", murmura. Sin embargo, su equipo y él trabajan "día y noche" para llevar un poco de paz a los haitianos. Hernán coopera con un equipo de voluntarios de diferentes países que se encargan de gestionar y repartir los alimentos y medicinas, que afortunadamente ya les están llegando de forma regular por vía marítima. "La mayor recompensa que recibimos cada día es el agradecimiento que vemos en los rostros de todos aquellos a los que les llevamos la ayuda", relata.


Como la mayoría de los edificios de la isla, tras el terremoto de siete grados en la escala Richter, la sede de la ACPP en el país caribeño sufrió grandes daños y los cooperantes están en la calle siguiendo las indicaciones de las autoridades, mezclados con la población intentando reconfortalos y ofreciéndoles todo lo que puedan necesitar. "Tras el terremoto, la autoridades de la ONU nos pidieron que desalojáramos porque se han abierto grandes grietas y hay riesgo de derrumbe y ahora estamos durmiendo en tiendas de campaña en los lugares habilitados para ello, generalmente en espacios abiertos alejados de los pocos edificios que quedan en pie". De hecho, la última réplica del seísmo sacó a Hernán y a su equipo de la cama... en realidad, de la tienda de campaña. Reconoce que cuando se dieron cuenta de lo que ocurría se alarmaron mucho porque la población todavía no se ha recuperado del enorme trauma y están muy asustados.


El día a día de su equipo ya era bastante duro antes del seísmo. "Por la mañana temprano nos reuníamos para organizar el trabajo, tras del terremoto todo se convirtió en un caos. Ahora cuando llega el agua o la comida, por ejemplo, nos encargamos de racionarla y distribuirla en los campamentos improvisados", cuenta. Y es que antes de la gran catástrofe del pasado 12 de enero el pueblo haitiano ya vivía un drama: hambrunas, desnutrición, falta de infraestructuras básicas... todo ello como consecuencia de las convulsiones políticas o bloqueos económicos. "El terremoto ha contribuido a agravar una situación ya de por sí lamentable", cuando "incluso a nivel político habían conseguido una mínima estabilidad," recalca Badenas. "Además ahora incluso las clases más acomodadas se han visto en la calle, con sus casas y familias destrozadas, salieron de sus casas con lo puesto y se han quedado sin nada". Hernán Badenas es muy consciente de las necesidades del Tercer Mundo. "Desde que era pequeño me llamaba mucho la atención el sufrimiento de los demás, por ello, en cuanto tuve la oportunidad me vine a Haití para colaborar con la ACPP".

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