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'Heavy rain': Siempre llueve para los locos (PS3)

el 23 feb 2010 / 20:48 h.

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La ciudad está vacía, aterrorizada, como si la opresiva lluvia sin fin fuese la excusa perfecta para permanecer prisioneros de nosotros mismos y así evitar tentar al asesino perfecto. Una aparente nueva víctima ha desaparecido y todos saben ya que a él sólo le interesa mantenerlas con vida durante cuatro días para después adornarlas con una pequeña figura de origami y una orquídea fresca. Aun así, todo se sigue moviendo pausado, atenuado, en sombras, casi irreal.

Es el tenso pero en apariencia calmado comienzo de la última obra del innovador estudio Quantic Dream y su visionario director David Cage, Heavy Rain, un videojuego que el propio Cage rechaza llamar así en beneficio del apelativo “drama interactivo” y al que ve como la culminación de una trilogía que empezó con Omikron: The Nomad Soul en 1999 y siguió con el espectacular Fahrenheit en 2005.

Al igual que en esos dos juegos, la característica principal de Heavy Rain es la complejidad y profundidad de la historia, así como que avanzar en la misma está basado íntimamente en las decisiones que el jugador tome en cada momento,  guiándose por su juicio,  en los llamados Quick Time Events (QTE), secuencias de acción ya presentes en títulos anteriores de Quantic Dream que dirigirán la narración de forma totalmente imprevisible según se actúe de una u otra forma y en las que el jugador debe decidir lo más ágilmente que le sea posible.
 

Todas estas opciones de juego se recogen en las más de 2.000 páginas de un guión que cuenta cómo cuatro personajes muy diferentes verán sus vidas entrelazadas por la relación más o menos directa que guardan con el conocido como Asesino del Origami, criminal que ya ha matado a ocho niños y pretende continuar su macabra obra con el pequeño Shaun Mars, segundo hijo del principal protagonista del videojuego, el arquitecto Ethan Mars.

Lo más innovador de Heavy Rain es su poder de transmitir emociones muy intensas a través de la historia y los personajes, y el hecho de que el héroe no se valga de armas para avanzar, sino sólo de su voluntad de actuar y las consecuencias de estos actos. Ese libre albedrío lleva a que haya varios finales distintos a los que sólo se llega cambiando las decisiones tomadas a lo largo de sus más de ocho horas de duración, lo que, a su vez, se traduce en una mayor longevidad.

La intención cinematográfica es evidente nada más comenzar, ya que se pueden apreciar claramente las influencias a la hora de hacer los encuadres de las secuencias, su ambientación, ritmo e incluso en la elección de la magnífica banda sonora de Normand Corbeil, que ya colaboró con Quantic en Fahrenheit.

Todo esto se ve reforzado por el imponente apartado gráfico, detallado hasta la extenuación y que culmina en la animación de los personajes (realizada con la técnica de motion capture) en secuencias como las de Madison Paige en la discoteca o las, para más de uno, subidas de tono como el striptease de la misma Madison, por no hablar de la omnipresente lluvia o la perfección de las expresiones faciales de los protagonistas.

Es Heavy Rain un juego para un público adulto al que le guste disfrutar de una historia rica y profunda en la que pensar y que sea capaz de tomar decisiones en los momentos clave de la narración para saber asumir después las consecuencias, buenas o no, de esos actos. Es también una amalgama de personajes complejos, redondos y vulnerables cuyas poliédricas personalidades se complementan con maestría y se ven reflejadas con claridad meridiana en la metáfora de la figura de origami, la firma del asesino.

Es, en definitiva, un videojuego que lleva a la perfección la inigualable forma de contar historias dramáticas y emocionales de Quantic Dream y que abre un nuevo camino en términos de jugabilidad e interactividad, lo que se refleja en su fuerte relación con los mundos cinematográfico y televisivo (influencia que veremos próximamente en el muy esperado Alan Wake de Remedy), de los que toma estética y planteamientos narrativos que harán al jugador sentirse arropado por referencias y universos perfectamente familiares. Diferente y pleno de inteligencia, es un golpe directo a los sentimientos. Imprescindible.

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