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Helloween: Envejecer bien también es un arte

el 10 feb 2010 / 20:33 h.

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A muchos sorprenderá saber que Helloween, la banda alemana que patentó el happy metal, ha cumplido nada menos que 25 años de trayectoria en un estado de forma más que digno y con ganas de seguir dando guerra. Es cierto que su momento actual no es ni de lejos comprable con la efervescencia de sus mejores tiempos -sobre todo los de finales de los 80, los de las dos primeras entregas de la saga The keeper of the seven keys-, y que su formación actual apenas conserva a un par de nombres de la vieja guardia, el guitarrista Michael Weikath y el bajista Markus Großkopf. Pero nada les ha impedido celebrarse a sí mismos editando un nuevo trabajo, Unarmed, en el que graban versiones de sus grandes éxitos con unos arreglos que sorprenderán incluso a sus más fieles seguidores.  

¿Quién podía imaginarse el Dr. Stein con arreglos de viento y piano, y un estribillo retocado con cierto swing? ¿Cómo suena el himno Halloween en versión orquestal?  ¿Qué tal el celebérrimo I want out como un medio tiempo? ¿Y la enérgica Where the rain grows casi en clave de balada? La producción de Charlie Bauerfeind (Angra, Blind Guardian, Hammer Fall, Rage) tiene no poco peso en el resultado final del álbum, que según palabras del propio grupo ha sido concebido como un homenaje a todos los incondicionales que han ido cosechando a lo largo de estos años.

Pero hay algo más: la sensación de que este Unarmed es también un grito de madurez, un modo de explicar cómo habrían sido los grandes temas de Helloween si se escribieran ahora, y no en los 80 o los 90. La incorporación de un coro gregoriano o de la Orquesta Sinfónica de Praga sirven como alarde de poderío, pero las adaptaciones de los temas indican que el grupo tiene ahora una mente mucho más abierta que antaño, cuando cualquier cosa que no respondiera al binomio velocidad-distorsión no merecía sino el desprecio.

Otra cosa digna de subrayar es el modo en que Helloween ha sabido regenerarse. La fuga del cantante Michael Kiske abrió una incógnita que Andi Deris (ex Pink cream 69), no tardó en despejar llevándose todo el repertorio del grupo a su terreno, poniendo de manifiesto su poderosa imagen e imprimiendo su arrolladora personalidad al proyecto global. El joven Sascha Gerstner ha demostrado ser un digno guitarrista, incluso idóneo para una etapa sin tantas florituras técnicas, y Dani Löble también sabe estar a la altura de la tradición de grandes bateristas que jalona la historia de estos guardianes de las siete llaves. Un buen disco, en definitiva, que sabrá satisfacer el apetito tanto de los nostálgicos como de los advenedizos. 

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