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Hijo, Roma se quema

Fue en el verano del año 2002, cuando el entonces secretario de Defensa americano, el radical neoconservador Rumsfeld, planteó una revisión del concepto de guerra moderna. Afirmó que "debemos promover un enfoque empresarial, uno que anime a la gente a ser proactiva".

el 14 sep 2009 / 20:29 h.

Fue en el verano del año 2002, cuando el entonces secretario de Defensa americano, el radical neoconservador Rumsfeld, planteó una revisión del concepto de guerra moderna. Afirmó que "debemos promover un enfoque empresarial, uno que anime a la gente a ser proactiva y no reactiva, a comportarse menos como burócratas y más como emprendedores de riesgo". Paul Bremen, el incompetente administrador americano para Irak, interpretó el mensaje. Desmontó el aparato estatal de seguridad iraquí y amparó la inmunidad legal de las firmas privadas de seguridad. En la actualidad, miles de personas trabajan en Irak o Afganistán en ese sector. Nada más que en Kabul se estima que operan unas 59 empresas con unas 10.000 personas armadas. Un documento oficial ha advertido que algunas sirven de refugio a criminales y traficantes de drogas.

El pasado mes de septiembre, unos empleados de la empresa americana Blackwater mataron a 17 personas, algunas de ellas mujeres y niños. El FBI ha establecido en un documento oficial que al menos 14 de estas muertes "no estaban justificadas". Estos empleados no serán sometidos a juicio, al ser civiles excluidos de la jurisdicción militar y no poder ser procesados en los Estados Unidos. Trabajadores que no eran soldados ni civiles, eran mercenarios. Una corporación que se ha convertido en uno de los instrumentos armados del gobierno americano en zonas de conflicto, que cuenta con un ejército privado de unas 20.000 personas. Una empresa fundada por un conservador allegado al presidente Bush, un generoso contribuyente de sus campañas. Una historia similar a la de empresas como Halliburton, DynCorps o Bechtels.

En la última película de Robert Redford, la inteligente y valiente Leones por corderos, en uno de los diálogos, el personaje del veterano actor, un profesor de Ciencias Políticas, le exige a un alumno tan inteligente como descreído un compromiso moral con la realidad que le rodea. Con una sola frase, con un argumento inapelable. "Hijo, Roma se quema". Cuatro simples palabras que encierran la generalizada sensación de declive del imperio americano. El avispero de Irak, la amenaza de Irán, la hostilidad de Rusia, la tragedia de Darfur, el caudillismo cutre de Venezuela, la sombra eterna del petróleo, la deriva del conflicto israelo-palestino, el auge de Hezbolá en Líbano, la deuda externa, la vulnerabilidad económica americana. Indicadores de que las cosas no van bien en el Imperio. Un país enredado en un contrabando ideológico entre seguridad nacional, defensa de la democracia y gigantescos intereses corporativos.

Bush, Fox, Aznar, Blackwater, Halliburton, Cheney, pasajes de un tenebroso relato. Un imperio en una frenética huida adelante, que no ofrece certezas a sus aliados, que no formula balances certeros de los errores cometidos. Con unas elecciones reducidas al mal menor, con candidatos paralizados por cautelas insoportables. Roma se quema, con el combustible de una trágica herencia y la ausencia real de perspectivas de futuro. Roma se quema.

Gonzalo Suárez Martín es abogado

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