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Hijos de la patria Esperanza

Ni el calor ni la distancia impiden que miles de devotos lleguen a la Plaza de España para vivir el aniversario macareno

el 31 may 2014 / 22:00 h.

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Imagen ambiente2 Hasta las tres doncellas de Bécquer se removieron en su glorieta al escuchar a Estrella Morente cantar Esperanza y Macarena. Fue el momento álgido de una celebración que, dado el calor, mejor se seguía a la sombra que proporcionaban los árboles del parque. Resultaba difícil dar con un banco libre, aunque éste estuviera en el extremo opuesto a la Plaza de España. Allí «la Virgen jardinera» se levantaba en «gloria de todas las glorietas», que diría el poeta Joaquín Caro Romero. Devotos llegados desde lejos desfilaban por sus senderos en busca de la llamada patria Esperanza. No tuvo que pregonar el cuponero que estaba en la glorieta de Goya. El rostro de la Virgen sobre los décimos de la ONCE era más que suficiente. «Ya he vendido 200 cupones en menos de dos horas. Más que el premio, todos quieren llevárselo de recuerdo», decía mientras atendía grupos de devotos. Algunos habían se habían hecho unos cuantos de kilómetros. Pero, por suerte, habían llegado a tiempo para ver moverse el palio antes de tomar la Plaza de España: «No se puede expresar con palabras. Es una preciosidad, y Sevilla para esto es muy especial», resumía tras la valla de entrada al recinto acotado María, integrante de una excursión que había partido en autobús a las siete y media de la mañana desde el municipio pacense de Hornachos. De la llegada de la Esperanza al altar del cincuentenario daba bien cuenta el maestro Aníbal González. Desde su atalaya de bronce divisaba su obra, totalmente macarenizada. No entendía esta transformación Joseph y su novia. «Ah... Bella Donna, pero cuándo visitar la Plaza de España», preguntaban estos turistas de Palermo a los agentes que controlaban el acceso. El dispositivo desplegado en torno a la ría, con hasta tres niveles de vallas y desvíos continuos, despertó ciertas críticas: «He salido del trabajo para escuchar misa. No creo que sean necesarias  tantas vallas. Vale que no hay asientos para todos, pero por lo menos que podamos escuchar un poco más cerca la misa, aunque sea de pie», exponía Remedios. Avanzaba la misa y el calor empezaba a apretar. Algunos optaban por el frescor del centenario parque pese a tener invitación en la mano. Mari Ortet ha venido de Barcelona. Le acompaña su tía Joaquina, de Alcalá de Guadaíra. Ambas no terminaban de decidir qué hacer: «Si pudiera solo hacer una foto y salir. Hace mucha calor ahí y no deja de salir gente mareada», detallaba esta catalana que hace cinco años se hizo hermana de la Macarena «por una promesa». Alonso y Tania andaban más bien de paseo y hasta de compras en los puestos del parque. Ambos estaban alucinados con el acontecimiento y no dudaron en inmortalizar su incursión en la capital con una foto con el palio de la Esperanza bajo la imponente fachada de Capitanía General. Venían en una excursión programada desde Ronda, aunque, como aclararon enseguida, eran del municipio gaditano de Setenil. La experiencia estaba resultando satisfactoria: «Nunca antes la habíamos visto en la calle. La verdad es que la emoción es otra, muy distinta a cuando es por la televisión». Alonso llevaba 20 años sin venir a Sevilla y había decidido hacerlo ahora: «Esto es alucinante. Hay gente de todos sitios. Ahora por la tarde queremos ir a la Catedral», decía al tiempo que subrayaba que eran «muy cofrades». Igualmente lo era la expedición manchega que encabezaba Manuel Pintado. Él ya estuvo en 1995 para la salida extraordinaria de los 400 años de la hermandad: «Fue apoteósica. Asistí a la misa que se dijo con la Virgen bajo el Arco y a la procesión por el barrio», rememora a sus pupilos de la tierra y compañeros de esta nueva aventura macarena que comenzaron en Navidad. «En una cena acordamos venir a ver a la Macarena este mayo. Entonces, hicimos las reservas hoteleras y aquí estamos», indicaba Manuel que se resguardaba del calor con un sombrero. Otro de los manchegos, Ángel Julián, no quitaba ojo a lo que acontecía junto al paso. Para ello se ayudaba de los prismáticos: «¿Cuándo canta Estrella Morente?», se impacientaba. Menos mal que Guillermo Fuentes mostraba todo su conocimiento cofrade que le han dado sus ocho años de incursiones en Semana Santa: «Creo que ahora». Y así fue. Enseguida sonó la voz de la artista granadina. La actuación quedó recogida en los móviles de estos jóvenes manchegos, que aprovecharon la visita a Sevilla para dar a conocer las hermandades que hay en su tierra: «En Campo de Criptana, de Ciudad Real, también hay una Semana Santa muy bonita. Además es de Interés Turístico Regional», señalaban estos hermanos, apunten, de «Jesús Cautivo y Nuestra Señora de la Amargura y del Cristo de la Expiración y María Santísima de la Esperanza». Presentado el género, no obstante subrayaban que «aquí la gente lo vive todo muy intensamente», como pudieron comprobar en el camino de ida de la Macarena a la Plaza de España: «Nos resulta admirable, que, a esa hora de la mañana, la calle estuviera abarrotada y la gente lo siga con tanto fervor y entrega». Los cuatro caballeros de la Mancha tenían ya marcada la ruta de la tarde. Guillermo, el más sevillanizado, recitaba de memoria el recorrido. Eso sí, ellos la verían «a partir de la capilla de los Ángeles» después de unas horas de descanso. Si no fuera por el marcado acento del norte, cualquiera diría que quien hablaba  era un vecino de la Resolana. La misa encaraba su último tramo, pero la tienda de souvenir de la hermandad de la Macarena instalada en el parque no dejaba de vender abanicos de V&L y otros artículos. «La verdad es que la gente quiere llevarse un recuerdo. Hemos vendido muchas fotos, pero también abanicos por el calor», explicaba tras el mostrador una trabajadora mientras atendía la petición de un grupo de excursionistas de Marinaleda. No han tenido que coger ningún autobús, pero igualmente vienen dispuestas a pasar todo el día junto a Ella. María Dolores Cuesta Delgado y su hermana vienen con todo tipo de provisiones, tanto para contrarrestar la subida del mercurio como para el cansancio: «Tenemos sombreros, pañuelos para el cuello y nuestras sillitas», que sabiamente habían colocado sobre el césped de un de los arriates al igual que otras personas ofreciendo una insólita imagen de picnic o un sesteo rociero. «Esto ya no lo vamos a volver a ver más. Así que no nos queremos disfrutarlo. Me he traído hasta los nietos y aquí vamos a estar todo el tiempo que sea para acompañar a la Virgen», aseguraba María Dolores, antigua vecina de la calle Enladrillada y viuda de Sebastián Cuesta, contraguía del palio macareno. Precisamente, su ausencia y la de otros devotos, estuvo presente en las oraciones y rezos que emanaban del parque: «No podemos evitarlo. Ellos están también aquí». No estuvo físicamente pero mandó representación el hermano mayor de la Macarena de Miami. Motivos profesionales les impidieron tomar el avión, pero en su lugar mandó la tela del estandarte. Su hermano, José Antonio Gobea, asumió junto a amigos y familiares la representación, y alguna ayuda más: «Las varas son de Burguillos y el armazón del estandarte se ha hecho con el banderín de la agrupación musical Virgen de los Reyes». Nada más terminar la misa, telefoneó a Miami: «Todo perfecto. Magnífico». La Plaza de España iba entonces despejándose cuando se formaba una bulla en la glorieta de Goya, a la salida del parque. Hasta aquí llegaban José María Vera y sus amigos, todos de Málaga. Durante la misa habían estado en Triana, «conociendo el barrio y sus devociones», y ahora habían vuelto. Estos hermanos de la Esperanza malagueña daban con la clave: «El poder está en el rostro de la Virgen». Un rostro que concitó por un día los sentimientos macarenos que hay repartidos por toda la geografía.

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