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Hijos de la violencia machista

Miles de niños crecen en un entorno familiar violento, testigos de abusos y agresiones a sus madres o víctimas directas del maltrato, sin que se conozca con certeza la dimensión del problema, ni en número ni las consecuencias de la violencia machista en su desarrollo.

el 15 sep 2009 / 06:04 h.

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Miles de niños crecen en un entorno familiar violento, testigos de abusos y agresiones a sus madres o víctimas directas del maltrato, sin que se conozca con certeza la dimensión del problema, ni en número ni las consecuencias de la violencia machista en su desarrollo.

Son "olvidados, invisibles", coinciden los expertos consultados por Efe. No aparecen en las estadísticas de víctimas de violencia de género y no siempre se notifica a los servicios de protección o a la Fiscalía la situación de los niños y niñas involucrados en esos casos. "No se les acompaña en el proceso judicial, ni se les escucha en la toma de decisiones que les afectan", denuncia Save the Children.

Pero en 2007 más de 30 menores quedaron huérfanos de madre, y siete de ellos presenciaron el asesinato a manos de su progenitor, según informaciones publicadas sobre 70 mujeres muertas este año. Además, al menos otros cuatro pequeños, menores de dos años, murieron en La Nucía (Alicante), Madrid, Torrejón de Ardoz (Madrid) y Reus (Tarragona) por agresiones de maltratadores, en ocasiones para hacer daño a su pareja.

Las muertes y las denuncias son llamativas, "pero sólo un pequeño porcentaje de la realidad", dijo a Efe el psicólogo Álex Araujo, de la Fundació Institut de Reinserció Social (IRES), que lleva a cabo en Cataluña diferentes programas de atención a hombres que maltratan y a menores afectados por violencia familiar y de género.

La realidad es que los niños sufren la mala relación entre los progenitores, reciben maltrato psicológico o castigos muy severos, disciplina autoritaria y otras veces ausencia de disciplina. Y hay un riesgo de que después reproduzcan los comportamientos machistas, la llamada "transmisión generacional", alertan los psicólogos y educadores sociales.

Diversos estudios evidencian que estos niños y adolescentes sufren inestabilidad emocional, ira, problemas de sueño, depresión, agresividad, sentimiento de culpa,... y la práctica totalidad de las madres tiene dificultad para educarles y poner límites.

Y a largo plazo, según Ángeles Sepúlveda, experta en violencia de AMUVI, que desarrolla en Andalucía un programa de asistencia psicológica a menores y orientación a sus madres, "altas probabilidades de que los hijos varones desarrollen pautas violentas y las hijas mayores vulnerabilidad a sufrir malos tratos de su pareja". "Se crea un círculo de violencia que puede perpetuarse durante generaciones", explica.

En la madurez . Una estadística del IRES sobre más de 500 adultos atendidos en el Servicio de Atención a Hombres que Maltratan, señala que hasta un 60% había pasado experiencias similares en la infancia. En su servicio de atención a menores, por el que han pasado más de 200 niños y adolescentes, "hay chavales que repiten esos comportamientos contra la madre y expresan rabia contra ella por haber sostenido esa relación de agresión", indica Álex Araujo.

"Mientras está el enemigo, madre e hijo están aliados. Cuando desaparece -agrega-, la conflictividad aflora entre ambos y a las madres les cuesta poner los límites, como si supusiera volver a agredirle". Hay que convencerlas de que su hijo "necesita que le pongan un 'no', y eso es cuidarle".

Hay adolescentes en los que "el machismo es más sutil" en sus relaciones. "Vienen con discursos como 'tengo que proteger a mi novia', 'no me gusta esa ropa tan corta'...", que son señales de alarma, "porque las están privando de poder hacer lo que ellas quieran", añade el psicólogo del IRES.

En las chicas -explica- se da el patrón de "elemento pasivo, el de mejor me callo, porque si le provoco va a ser peor". Y en los más pequeños, confusión respecto al rol de género o la orientación sexual. "Niñas que tienen asumido que estarán en casa con el plumero y la bata y niños que al preguntarles quién pasa la aspiradora en casa, responden: "lo tiene que hacer ella. Sólo lo puede hacer él si es gay".

Más recursos . Cabe pedir que se conozca la dimensión del problema, que se desarrollen recursos para ellos, que se haga partícipe al menor en las decisiones judiciales, y que las administraciones, las familias y los políticos tomen consideración de que los hijos son también víctimas, dijo a Efe Liliana Orjuela, coordinadora de los programas de Violencia e Infancia de la ONG Save the Children.

Ni siquiera hay unanimidad en eso. Algunos autores diferencian entre víctimas directas del maltrato e indirectas. Pero "tan doloroso es que lo recibas como que lo veas", discrepa Álex Araujo.

El Instituto de la Mujer de Andalucía estima que en esa comunidad unos 700.000 menores están expuestos a la violencia de género en sus hogares, testigos de agresiones "y en muchos casos, víctimas directas", señala Ángeles Sepúlveda.

El hecho es que se han generado recursos para la atención a mujeres, "pero los recursos para sus hijos no han ido de la mano de ese desarrollo. Han sido olvidados", señala Liliana Orjuela por todos.

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