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Hippie no, alternativo

‘Menos para vivir mejor’ es el lema del XVIII Encuentro de Alternativas que se celebra hasta el domingo en el Parque del Alamillo. A falta de Woodstock, bien vale este intento...

el 10 abr 2010 / 07:16 h.

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Dos visitantes, con sus niños, pasean por el Encuentro.

Cuando aparecieron en el Parque del Valle hace 18 años algunos los tomaron por hippies irredentos, tiempo después emigraron al Prado y allí tampoco cuajó del todo el invento. Finalmente, en el Parque del Alamillo el Encuentro de Alternativas se ha quitado el chupete y cumple este fin de semana 18 años de andadura.

Poco amigos de fastos desorbitados, la Asociación Cultural El Bardal -que, a ciencia cierta, nadie sabe muy bien quienes la componen- ha propuesto un lema para este año "Menos para vivir mejor", eslogan anticonsumo que no sabemos cómo habrá sentado a los comerciantes ilusionados con vender una marioneta confeccionada con algodón ecológico y salvaje de Katmandú o un jugo reconstituyente de papaya tornasolada de Tombuctú.

Todo aquí es convenientemente ecológico, biológico y si no, como mínimo, tirando a verde césped. El año pasado se dejaron ver 5.000 sevillanos y en 2010 están por superar la cifra. "El parque cierra a las diez de la noche y tenemos que ir recogiendo a la gente con un pasacalles para que se marchen a pesar de lo bien que están", dice una de las organizadoras. Desconocemos si ese estado de felicidad lo provoca la exhibición de juegos malabares, el taller de yoga del sonido u otro tipo de adictivo y/o prozac.

De Israel a Alájar, en la sierra de Huelva, hay un largo camino. El mismo que recorrió Zohar, una de las responsables del Encuentro, que cambia durante tres días su idílica vida campestre por el primaveral y no siempre apetecible lorenzo sevillano que ayer a mediodía ya rozaba los 28 grados. "Somos un colectivo que defiende al artesano y nuestra finalidad es crear plataformas donde puedan exhibir sus productos", explica.

El objetivo no puede estar más claro, otra cosa es el barniz que quiera dársele. "No nos gustan las etiquetas, aquí todo el mundo es bienvenido, pueden venir y comprobar que, además de ser un escaparate, intentamos dar un mensaje", dice.

Defensores de la autogestión de la cita, en Facebook y otras redes sociales, aquí donde lo ven, el Encuentro de Alternativas moviliza el interés de miles de sevillanos y foráneos. Así que, o el Alamillo es el Woodstock hispalense o es que, ¡qué demonios!, se está muy bien a la sombra de un madroño o un chopo -que de los dos hay en el parque- mientras se degusta una hamburguesa vegetariana o unas croquetas de garbanzo con cilantro.

"Promovemos la alimentación libre de carne, arropamos a organizaciones que defienden a los animales, pero también están aquí colectivos en favor de un Sáhara libre y de una Palestina con identidad propia. Todo el mundo encontrará algo con lo que identificarse", asegura Zohar.

Es posible que a muchos sevillanos les dé pereza cambiarse el pin de la hermandad o el clavel feriante por los vaqueros descosidos y las rastas con denominación de origen. Como mínimo póngase comodón para practicar tai chi, participar en un festival de poesía erótica, aprender a bailar capoeira, comprender cómo quitarse el dolor de cabeza con una pirita milagrosa o asistir pasmado al descubrimiento de que en el qui-gon reside el sentido de su vida y usted sin saberlo.

20 puestos de divulgación, más de 90 tenderetes de artesanía y 25 propuestas gastrónomicas. Con 18 años de historia y tan buenos propósitos, estos chicos merecen, como mínimo, recibir una visita. Tal vez hasta rejuvenezca.

DE UTILIDAD

Qué: El Encuentro de Alternativas cumple 18 años. Una eclosión de artesanos, hippies y fauna de todo color pero siempre muy pacífica.
Dónde y cuándo: En el Parque del Alamillo. Sábado y domingo de 10.00 a 22.00 horas. La entrada es gratis, lo que consuma, que debe ser poco según las reglas, es cosa suya.
Para quién: Para usted y para el otro y para el otro. Dese una vuelta y compruebe que aquí todo el mundo intenta ser una mijita más feliz. A lo mejor acaba enganchándose.

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