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Historias de un cataclismo

Detrás de la catástrofe aérea de Barajas asoman las historias personales de las víctimas de un accidente que ha acabado de golpe con familias enteras, ha destrozado otras y ha pasado rozando a los más afortunados. (Foto: EFE)

el 15 sep 2009 / 10:22 h.

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Detrás de la catástrofe aérea de Barajas asoman las historias personales de las víctimas de un accidente que ha acabado de golpe con familias enteras, ha destrozado otras y ha pasado rozando a los más afortunados.

Los pasajeros del trágico vuelo de Spanair protagonizan relatos, desgarradores en la mayoría de los casos, narrados en los aeropuertos de Madrid y Gran Canaria, en los hospitales que atienden a los heridos, en la morgue que se instaló el miércoles en Ifema o en el hotel en el que se alojan los familiares de las víctimas de este trágico suceso.

"Lo he perdido todo", se lamentaba Antonio Domínguez, residente en la localidad grancanaria de Agüimes. Entre los fallecidos se encuentran sus dos hijas, de 14 y 19 años -esta última embarazada-, y un nieto, según decía el miércoles por la noche desolado en Ifema.

Poco más de 20 años contaba una joven pareja que viajaba en el avión con su bebé de tres meses para bautizarlo este fin de semana en Las Palmas, tras haber pasado unos días de vacaciones en la localidad leonesa de Calzada del Coto, de la que eran originarios.

Entre los 153 fallecidos del accidente se encuentran los cuatro miembros de una familia de Almagro (Ciudad Real), un matrimonio y sus hijas de 15 y 19 años, que el miércoles viajaban en avión por primera vez para disfrutar de unas vacaciones en Canarias.

La tragedia ha llevado el luto a otra localidad de esta provincia, Viso del Marqués, de donde procedían un matrimonio y sus dos hijos, de 19 y 16 años, residentes en Madrid.

El accidente acabó con otra familia compuesta por una pareja de Aranjuez (Madrid) y una niña de siete años, hija de la mujer.

Tampoco hubo supervivientes en la familia compuesta por un malagueño de 38 años residente en Las Palmas, su esposa y sus tres hijos, de 12, diez y 4 años.

En el hospital del Niño Jesús está ingresado un niño de 8 años residente en la localidad ciudadrealeña de Torralba de Calatrava que en el siniestro perdió a su padre, de nacionalidad colombiana. Su madre se encuentra en estado grave en el Ramón y Cajal.

En este mismo hospital, una mujer de Monforte (Lugo) pregunta por su hija, con la que viajaba en el avión, y que murió en la catástrofe.

Más afortunada fue la pareja canaria que perdió el trágico vuelo por sólo tres minutos. La pareja tenía billete para regresar a Gran Canaria tras sus vacaciones, pero cuando llegaron al mostrador de facturación le dijeron que el vuelo se había cerrado tres minutos antes.

Hay quien en vez de azar o fortuna prefiere hablar de milagros. Es el caso de la mujer de uno de los supervivientes, que asegura que su marido "volvió a nacer ayer". "Ha sido un milagro, apenas tiene quemaduras. Está esperando para ser operado de las fracturas que sufrió en el fémur y el tobillo", añadía.

Por desgracia, este testimonio es una excepción en medio de la dramática situación que se vive en el hotel, un ir y venir continuo de familiares, que llegan destrozados de las islas o de Ifema, o que salen desencajados de sus habitaciones para volver al recinto ferial.

"Mi hijo tenía billete para un vuelo anterior de Air Europa, pero lo cambió ayer mismo para volar un poco más tarde. Ha sido una fatalidad", relataba el padre de David Caballero, militar en Madrid. "He perdido a mi hijo de 27 años, estoy destrozada", lamentaba la madre del joven fallecido, que iba a Gran Canaria para volar después a Fuerteventura a pasar unos días de vacaciones con la familia.

Las historias de dolor se sucedían ayer en la puerta y el hall del hotel que ha habilitado Spanair para los familiares de las víctimas, que, envueltos en las mantas de la Cruz Roja, apenas pueden habla por el dolor.

"He perdido a mi hijo, a mi nuera y a mis dos nietos", acertaba a decir una señora antes de entrar en el autobús que le llevaba a Ifema a identificar sus cuerpos.

Otro de los familiares agradecía el trato recibido por todo el personal del hotel, de Spanair, de Ifema y de Cruz Roja, mientras contaba entre lágrimas que ha perdido a tres sobrinos de 19 años, 14 años y 11 meses.

Pero junto a los agradecimientos, la indignación también estaba presente en unos familiares que no logran entender lo ocurrido: "nos llamó para decirnos que el avión tenía problemas y aún así salió".

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