Cultura

Hombros para Manzanares y Cayetano y oreja para Espartaco

Cayetano Rivera y José María Manzanares salieron el domingo en hombros de la plaza de toros de Olivenza tras cortar dos orejas cada uno en la corrida matinal de Olivenza. Espartaco, que este año cumple 30 de alternativa, paseó una oreja del primero.

el 15 sep 2009 / 23:43 h.

Cayetano Rivera y José María Manzanares salieron el domingo en hombros de la plaza de toros de Olivenza tras cortar dos orejas cada uno en la corrida matinal de Olivenza. Espartaco, que este año cumple 30 de alternativa, paseó una oreja del primero.

Cayetano cortó las dos orejas del tercer ejemplar de la tarde, un toro enrazado, con acometividad y transmisión en el primer tramo de la faena, que el nieto de Antonio Ordóñez abrió de rodillas en una tanda de series poderosas. Después llegó gran toreo sobre la mano diestra, con vibración y mucha expresividad, templado y de mano baja.

Después, por el izquierdo, el toro se aplomó y bajó de intensidad la faena, aunque aun así llegaron dos series sobre la mano izquierda a pies junto con aplomo y gusto. Una estocada caída pero efectiva puso en manos de Cayetano el doble trofeo que lo convertía en el primer triunfador de la tarde. El sexto fue un toro sin raza, siempre a menos, con el que el menor de los Rivera intentó levantar faena por el pitón derecho, hasta que se rajó el de Juan Pedro.

Por su parte, José María Manzanares paseó una de cada ejemplar de su lote. El segundo, sin continuidad ni fuerza, con el que el alicantino dibujó series de mucha belleza, ya desde el inicio de trasteo. El temple con el que sujetó al toro en la media altura, el empaque y los remates cambiados y de pecho hicieron brillar una faena rematada de un estoconazo en la yema.

El quinto fue un toro aquerenciado en tablas, al que el Alicantino intentó corregir el defecto y con el que firmó buenas series por el pitón derecho, llevándolo siempre tapado. La faena bajó enteros por el izquierdo, ya que el toro se rajó por ahí. En tablas, Manzanares exprimió al de Juan Pedro, con seguridad y técnica, antes de rematarlo de otro espadazo.

Antes había cortado una oreja a su primero el veterano torero sevillano José Antonio Ruiz Espartaco, que se enfrentó a un ejemplar flojo de salida con el que tardó en asentarse. Cuando lo hizo, a partir de la tercera serie, llegaron series buenas en los medios, al natural, corriendo la mano. La gente, muy cariñosa y entregada con el sevillano, le premió con una oreja. El cuarto tuvo peligro y sentido, y Espartaco tiró de raza y entrega, jugándose en muchos casos la voltereta entre los pitones.

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