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Homofobia en la tele

En Antena 3 emiten los viernes un programa destinado a mostrar la aportación española a la cultura europea. Lo titulan DEC, y por su tribunal no pasan intelectuales porque en la tele sólo aparecen gente famosa como Belén Esteban.

el 16 sep 2009 / 07:42 h.

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En Antena 3 emiten los viernes un programa destinado a mostrar la aportación española a la cultura europea. Lo titulan DEC, y por su tribunal no pasan intelectuales porque en la tele sólo aparecen gente famosa como Belén Esteban, que cobra en un mes como un catedrático de Universidad en un curso. Encima, los del Pisa dicen que es mala la Educación en España. ¿Qué quieren? El formato es como todos los dedicados a satisfacer conocimientos sociales: entrevistadores que interrogan al personaje remunerado sobre cuestiones en las que interesa menos la verdad, lo importante es que cuente chismes. Muchos se los inventan, y los entrevistadores, que lo saben de antemano, acusan el golpe con modestos insultos y gestos de sorprendidos. Sacan a relucir su condición de periodistas y patean principios profesionales como en un partido de rugby: admiten el rumor como noticia.

En la última emisión, anunciaron con una promoción de dudoso gusto que Amor había estado con un futbolista. Amor, una concursante de Gran Hermano que cambió de sexo con el dinero ganado en el denigrante concurso, sólo recordaba que coincidió en una fiesta con Aitor Ocio y que la sacaron con una tajada como la catedral de Burgos; o sea, que es una mujer con la ley y la moral de una sociedad justa, aunque parece que borrachuza. Amor no respondía a lo que el programa había ideado para vender el producto y probablemente los telespectadores pensarían que era una caradura, que también tendrá su parte de culpa. Sin embargo, la evolución del espectáculo ofrecía dos llamadas telefónicas para que los entrevistadores demostrasen la condición de periodista de la que tanto presumen. Llamaron los organizadores de la fiesta para aclarar que Amor fue invitada para gastarle una broma a un amigo, que no pudo consumarse por la cogorza de la famosa. ¿Qué clase de broma? No se sabe, nadie preguntó nada, ni la intuición profesional les llevó a sospechar que la borrachera libró a Amor de un acto de envergadura homofóbica que, si acaba en los tribunales como se dijo, debería encontrar al juez que condene a los culpables por la acción y a los de omisión mediática.

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