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Honduras sufre un golpe intolerable

Honduras ha sufrido en los últimos días un gravísimo atentado contra la democracia, reflejado en el golpe de Estado que acabó con la expulsión del país del presidente Gabriel Zelaya...

el 16 sep 2009 / 05:03 h.

Honduras ha sufrido en los últimos días un gravísimo atentado contra la democracia, reflejado en el golpe de Estado que acabó con la expulsión del país del presidente Gabriel Zelaya. La comunidad internacional ha condenado la acción militar y ha apoyado sin fisuras que Zelaya regrese a su país para ocupar la presidencia del Gobierno, que obtuvo legítimamente en las urnas. En las últimas horas, el Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ha planteado la posibilidad de que Zelaya pueda regresar bajo la condición de renunciar al referéndum convocado al objeto de perpetuarse en el poder y que se sitúa en el origen del golpe militar, toda vez que la convocatoria fue declarada ilegal por la Justicia y el Congreso hondureños. Es cierto que Zelaya se extralimitó en sus funciones al convocar una consulta popular para modificar leyes sin el respaldo de las más altas instituciones del Estado, pero la respuesta instrumentalizada a través del Ejército para arrebatarle sus atribuciones como presidente, expulsarlo del país y colocar a un nuevo mandatario por designación directa, suponen una acción intolerable que debe ser condenada tanto por su ilegalidad como por la vulneración del Estado de Derecho que ha regido en un país de siete millones de habitantes que ha permanecido estable desde los años 80. Los pendulazos de Zelaya -que viró de las ideas conservadoras a un gobierno progresista- no pueden justificar en ningún caso la intervención militar y el estado de sitio en el que actualmente se encuentra el país. La Asamblea General de la ONU, con el respaldo de la comunidad internacional, debe trabajar sin descanso para reinstaurar al presidente legítimo y recomponer el orden constitucional y democrático en Honduras. Los Golpes de Estado son prácticas excluidas e inadmisibles en las sociedades modernas del siglo XXI. Los hondureños merecen tener el presidente que han elegido y exigirle a éste que cumpla con su constitución.

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