Cultura

Honores al aficionado más cabal de La Puebla de Cazalla

En la Puebla de Cazalla, la patria chica de la Niña de la Puebla, Menese, Diego Clavel, Miguel Vargas y Manuel Gerena -son los más conocidos, pero hay más-, la personalidad flamenca más importante es José Menese.

el 27 oct 2011 / 20:23 h.

TAGS:

-->--> -->

Hay pueblos de Sevilla en los que sus cantaores son verdaderas instituciones: Mairena del Alcor, Morón de la Frontera, Utrera, Alcalá de Guadaíra, Lebrija y La Puebla de Cazalla, por citar solo unos cuantos. En este último pueblo, la patria chica de la Niña de la Puebla, Menese, Diego Clavel, Miguel Vargas y Manuel Gerena -son los más conocidos, pero hay más-, la personalidad flamenca más importante es José Menese. De esto creemos que no hay duda alguna, aunque otros tengan gustos distintos y piensen en Diego Clavel o en Manuel Gerena.

Sin embargo, desde el punto de vista de aficionado cabal y humano la personalidad más grande de la Puebla es Fernando Guerrero, al que el mundo conoce como Fernando el del Central por ser el dueño de un bar del pueblo decorado por el gran Francisco Moreno Galván. Trabajador infatigable, este año le ha sido concedida la Medalla al Mérito del Trabajo por parte de la Junta de Andalucía, que le fue entregada en el Pabellón de Marruecos el pasado 8 de julio, con la presencia del presidente de la Junta, José Antonio Griñán.

Pero el mejor homenaje es el que le van a dar sus paisanos y amigos el próximo día 31 en el restaurante El Jardal de La Puebla de Cazalla. Conociendo a este hombre, sabemos con toda seguridad que será para él el mejor reconocimiento, el día más importante de su ya larga vida. Para los que amamos el cante de La Puebla, Fernando es básico. No es que sea importante conocerlo para entender el cante de ese lugar. Es que es imprescindible. Parte del éxito de La Reunión se debe a este hombre sencillo y a su templo de lo jondo. El día que falte, que ojalá no falte nunca, las soleares y las tonás de Menese, las granaínas y las malagueñas de Diego Clavel, las seguiriyas de El Catato y las alegrías de Ana Ramírez, La Yiya, sabrán de una manera muy distinta. Lo bueno de La Reunión no suele suceder en La Fuenlonguilla, sino en El Central. Horas antes de que las guitarras abran la cita por bulerías, los aficionados llegan a la plaza donde está este local y se ponen a hablar de las hazañas de Lola la de Lucena, de los ayes lastimeros de Juan Talega y Juan Mojama, de la soleá de la Sarneta y de los bordonazos de Diego del Gastor; el suelo de la plaza recién regado refresca el aire, que huele a jazmines recién cortados y a pan caliente; el sol se oculta por entre las copas de los olivos y el color anaranjado de la parte del cielo que da a Sevilla le confiere a La Puebla aspecto de pueblo encantado; y en El Central corre el vino como el agua por las cunetas en invierno y siempre hierve un perol de aceite al lado de una bandeja de boquerones frescos mientras Pepe el Cachas sueña, sentado en un taburete, con sus esponjosos codos apoyados en la barra de madera, con los pinceles de Francisco Moreno Galván mojados en manzanilla de Sanlúcar, como los de Virgilio Mattoni.

Cuando el sol se ha puesto y el manto negro de la noche cae sobre los lustrosos tejados, los aficionados abandonan El Central con la promesa por parte de Fernando de que cantará por soleá al alba, después de la ronda por tonás. Tras la hemorragia de satisfacción que esa promesa les produce a todos, lo de menos es que en La Fuenlonguilla suene o no la flauta. Nada es comparable a una letra por soleá cantada por Fernando el del Central.

  • 1