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Hospitalidad en la red

Ser mayor de edad y tener ganas de conocer gente son los únicos requisitos necesarios para formar parte de couchsurfing, un servicio de hospitalidad en línea donde sus miembros pueden tanto hospedar a viajeros de cualquier parte del mundo como pasar unos días "surfeando en sofás".

el 16 sep 2009 / 08:32 h.

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Texto y vídeo: Elisabeth Moreno

Fotos utilizadas en el vídeo: Anna Mayer con licencia Creative Commons

Ser mayor de edad y tener ganas de conocer gente son los únicos requisitos necesarios para formar parte de couchsurfing, un servicio de hospitalidad en línea donde sus miembros pueden tanto hospedar a viajeros de cualquier parte del mundo como pasar unos días "surfeando en sofás".

Esta forma de viajar, que actualmente ha alcanzado el millón de miembros en todo el mundo, también ha llegado a Sevilla. Desde que se pusiera en marcha el grupo de couchsurfing de la ciudad no ha parado de crecer, contando en la actualidad con cerca de 1.200 miembros. Dos de sus practicantes son Juan Lara y Anna Mayer, un matrimonio sevillano con dos hijos pequeños que forman parte de la organización desde octubre de 2007.

Un artículo publicado en la prensa fue el punto culminante para que esta familia se decidiera a embarcarse en esta aventura. "Couchsurfing satisfacía un tipo de experiencias que nosotros ya llevábamos tiempo haciendo", afirma Anna con entusiasmo. Y es que antes de inscribirse en el grupo de couchsurfing de Sevilla ya tenían un precedente, "en 2001 acogimos a un chico holandés porque estaba haciendo una especie de aventura en Internet que se llamaba 'Déjame quedarme en tu casa un día'". Ahora ya llevan dos años alojando a desconocidos en casa y han recibido a unas 70 personas, y aunque en un principio la idea de alojar huéspedes no estaba muy clara por los niños, afirman que, hasta el momento, les ha ido muy bien. "Son los pequeños los que más disfrutan cuando viene alguien, de hecho siempre nos preguntan si van a llegar nuevos amigos".

Visitar otros países "surfeando sofás" tiene un valor añadido, además de conocer la ciudad puedes conocer a su gente y vivir en primera persona todas sus costumbres. "Hay personas que piensan que lo más importante de hacer couchsurfing es que no gastas en hoteles pero eso no es lo esencial, lo más importante es que conoces la gente del lugar y vives la experiencia del viaje de forma distinta".

Aunque la idea de acoger o quedarse en casa de desconocidos pueda parecer un poco alarmante, la organización garantiza la seguridad de sus couchsurfers estableciendo diferentes niveles de certificación de la identidad. Por un lado, exige que cada vez que los usuarios realicen un viaje o reciban a un viajero dejen en la web una referencia sobre su estancia. "Las referencias normalmente son positivas pero leyendo esto puedes saber si te gustaría tenerlo como invitado o si te gustaría ir a su casa. Hacer couchsurfing no implica sólo quedarse en el sofá sino que compartes comidas, charlas, vivencias?" cuenta Juan.

Otra forma de generar seguridad, y ésta sí que es opcional, es donar cierta cantidad de dinero a la organización. Una vez que se inicia este procedimiento, la organización de couchsurfing puede verificar que la cuenta corresponde con la persona que dice ser. Además, "a la dirección del formulario de registro llega una carta con un código que luego se introduce en la web para certificar que tu vives donde dices".

DESCONFIANZA. A pesar de que cada vez más personas apuestan por esta forma de viajar, todavía existe un recelo generalizado en España que se acentúa aún más en Sevilla, ya que pocos de los que están registrados brindan la posibilidad de poder dormir en un sofá. "Existe cierta desconfianza, de hecho muchos de los que acogen son extranjeros o gente que ha vivido fuera o que ha viajado mucho. Hay personas que ven al invitado como una carga a la que hay que dedicarle mucho tiempo y eso no es así. Nuestra rutina no cambia por tener a alguien en casa", comenta Anna.

Con son pocos los sillones y muchas las peticiones, esta familia intenta dar prioridad a aquellas personas que tienen experiencia como couchsurfers en su lugar de origen: "Intentamos dar cierto privilegio a la gente que sabemos que hospeda, hacemos todo lo posible para que ellos encuentren sitio".

Las condiciones físicas de alojamiento que ofrece esta familia sevillana no son las normales. Los huéspedes tienen a su disposición su propia habitación con su cuarto de baño particular. "La gente cuando viene se queda un poco alucinada", afirma Juan, que además, insiste en que "la gran mayoría suele ser gente joven que está estudiando o se encuentra al inicio de su carrera profesional, por tanto no suelen tener una casa grande por lo que te tienes que quedar en el sofá del salón".

Es lo que les ocurrió a ellos la única vez que han viajado haciendo couchsurfing. "En Barcelona nos quedamos en el sofá del sitio donde trabajaba Bruno, pero el nivel de confort era estupendo porque lo importante era que con esta persona había un buen feeling", comenta Juan agradecido.

REGALO DE BIENVENIDA. Un tótem de Canadá, imanes para el frigorífico, postales... son algunos de los recuerdos que los huéspedes que han pasado por la casa de Juan y Anna han querido otorgarles. "Si te llegan con un regalito es una cosa linda, pero a nosotros lo que más nos gusta es que cocinen algo de su tierra. Además, es un requisito de nuestro perfil", dicen.

A punto de cumplir dos años dentro del movimiento, todo lo que destacan es positivo. Han recibido a unos 70 huéspedes y siguen con sus puertas abiertas para recibir a más, y es que "el 99,9% de las veces se portan muy bien". Además, apuntan que lo peor de esta experiencia es que alguno de sus huéspedes fuera un "poco aburrido". "Hemos tenido un par de personas que se portaban como invitados, no hacían nada si nosotros no se lo decíamos. Lo bonito de esto es compartir la casa", afirma Anna.

Por ello, tanto Juan como Anna animan a todos a que practiquen esta forma de viajar surfeando los sofás de todo el mundo. "Es una iniciativa muy buena, merece la pena estar apuntados porque los sitios se conocen mucho mejor, se practica inglés o cualquier idioma y sobre todo se conocen en directo gente de otros lugares. En definitiva, es una experiencia positiva tanto para el que acoge como para el que se aloja porque aportan muchas cosas nuevas". Por ahora los hoteles no han sentido los primeros vaivenes del movimiento pero, de extenderse, estos pioneros pueden estar iniciando una nueva era en los viajes.

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