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Hoy hace 40 años en París

La entrada de la Policía en la Sorbona el 3 de mayo de 1968 para desalojar a unos 300 estudiantes, reunidos para protestar contra el cierre de otra universidad, la de Nantèrre, fue la chispa que prendió el movimiento que hace hoy 40 años sacudió la sociedad francesa y prendió en otros continentes.

el 15 sep 2009 / 04:08 h.

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La entrada de la Policía en la Sorbona el 3 de mayo de 1968 para desalojar a unos 300 estudiantes, reunidos para protestar contra el cierre de otra universidad, la de Nantèrre, fue la chispa que prendió el movimiento que hace hoy 40 años sacudió la sociedad francesa y prendió en otros continentes.

El mítico Mayo del 68 fue, según uno de sus más emblemáticos líderes, el ahora eurodiputado Verde Daniel Cohn-Bendit, conocido entonces como Dany el Rojo, el lanzamiento de una generación, la del baby boom de la posguerra, "a la conquista de las libertades".

Para otro de sus protagonistas y ex director de Libération, Serge July, fue el encuentro entre una "ola internacional" venida de Estados Unidos y el Reino Unido, amplificada por la guerra de Vietnam y con ritmo de rock, y "una crisis francesa". El movimiento que acabaría paralizando el país durante más de un mes, por la huelga general decretada en el mundo obrero y extendida a otros sectores, partió de la universidad de Nantèrre, ocupada parcialmente el 22 de marzo por un pequeño grupo contestatario. El cierre del centro les llevó a la Sorbona ese 3 de mayo. Ante la entrada de la Policía en ese "santuario", cientos de estudiantes se fueron congregando por la noche en la plaza de la universidad parisina. Subió la tensión, los agentes lanzaron gases lacrimógenos, hubo violentos enfrentamientos, decenas de heridos y unos 400 jóvenes arrestados.

Como un reguero de pólvora el movimiento se extendió a otras ciudades. El 10 de mayo quedó como la Noche de las Barricadas en el Barrio Latino. El primer ministro, Georges Pompidou, anunció la liberación de los arrestados, la retirada de la Policía de la zona y la reapertura de la Sorbona para el 13 de mayo, pero ya era tarde.

¿Qué queda? Hoy, 40 años después, ¿qué queda de Mayo del 68? Es una de las preguntas recurrentes en el centenar de libros, documentales, coloquios y un sinfín de artículos de prensa que marcan esta conmemoración. El llamamiento del ahora presidente de Francia, el conservador Nicolas Sarkozy, a "liquidar la herencia de Mayo del 68", durante su campaña electoral el año pasado, ha contribuido a azuzar el debate.

La rebelión libertaria e idealista contra los autoritarismos de derecha e izquierda y contra los arcaísmos que ahogaban a la sociedad gala alumbró, para Sarkozy, la crisis de la familia, de la escuela y la nación, y otros males como el "dinero rey", "el cinismo" y la contestación de "todos los referentes".

Los eslóganes como "Prohibido prohibir" o "Seamos realistas, pidamos lo imposible" que tanto se corearon fueron la semilla, para el socialista Henri Weber, de futuras conquistas de estos 40 años: "Es la libertad de contracepción y del aborto, la autoridad parental conjunta sobre los hijos, la posibilidad para las mujeres de abrir una cuenta bancaria sin la autorización previa del marido, el derecho a la igualdad profesional entre hombre y mujer".

Así lo creen también el 74% de los franceses que, según un sondeo de CSA, piensan que Mayo del 68 tuvo un impacto positivo en la sociedad: el reparto de las tareas del hogar entre hombre y mujer, la sexualidad, las relaciones padres-hijos o el derecho sindical.

Desde la otra orilla. Por su parte, el filósofo francés André Glucksmann cree que la situación actual no difiere mucho de la que había en Mayo del 68 ya que no se han completado las reformas sociales y políticas que se perseguían y esto se debe a que "somos egoístas eternos".

Glucksmann, de 70 años, vivió el Mayo del 68 francés desde un maoísmo del que luego renegó, fue cambiando su discurso sobre aquella época hasta afirmar "Mayo del 68 ha muerto" y, en un último giro ideológico, ahora apoya al conservador Nicolas Sarkozy. Según Glucksmann, "estamos en medio de una tarea no finalizada", que pasa por mostrar una "mayor solidaridad con las víctimas, con los que no tienen derechos humanos", en China, Rusia, Birmania o Chechenia.

Una mayor "apertura es absolutamente necesaria" porque "cuando abanderamos la dictadura de los fanáticos, todos soportamos las consecuencias, como ocurrió con Afganistán, que llevó a los atentados de Estados Unidos, de Madrid y de Londres". Al respecto, el filósofo insiste en la necesidad de una mayor solidaridad.

Cuando en las manifestaciones de Mayo del 68 "decíamos que éramos todos judíos alemanes era una forma de declarar que todos éramos europeos". "Ahora, con el problema del Tíbet, somos todos menos tibetanos", asegura Glucksmann, todo un apóstol del egoísmo.

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