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Huertas, jardines y compases

Hace algún tiempo ya que se pusieron de moda en el Centro los bares que tienen un patio al fondo; fue entonces cuando se descubrieron algunos de los muchos jardines secretos que Sevilla tiene desde hace siglos y su lleno diario demuestra que son atractivos.

el 15 sep 2009 / 16:34 h.

Hace algún tiempo ya que se pusieron de moda en el Centro los bares que tienen un patio al fondo; fue entonces cuando se descubrieron algunos de los muchos jardines secretos que Sevilla tiene desde hace siglos y su lleno diario demuestra que son atractivos. Los tiene por todas partes y en toda clase de edificios: en casas particulares, en palacios, en conventos. La Casa de Pilatos tiene dos: un pequeño Bomarzo, a la derecha del patio, y otro enfrente, entre romántico e historicista, los mismos que el Palacio de las Dueñas y a casi ninguna de las casas grandes les falta, aunque hayan acabado por ser pequeños. Tras ellos vienen los de los conventos.

Sevilla se llenó de monasterios con monjas de vida contemplativa cuando la sociedad creía que debían existir personas que rezaran continuamente para salvar a las demás. Por eso, a éstas últimas no les importaba contribuir con sus limosnas al sostenimiento de aquellas cuyos cenobios, además, servían como refugio a huérfanas, viudas... Por eso han llegado hasta nosotros. El claustro de Santa Inés contiene el mejor arco de herradura lobulado de toda Sevilla y se comprende que no tenga visitas porque es el corazón del recinto pero el jardín de Santa Paula -sin relación con el monasterio- sigue incomprensiblemente cerrado al público.

Por el contrario, es incomprensible que la gente no visite la huerta de la Cartuja, tan llena de plantas como de historias y más aún que no se la resalte en las guías turísticas. Pero es lo mismo que pasa con los compases, muchos de gran belleza, como los de Santa Clara y San Clemente. Maravilloso el recoleto del antiguo convento de la Paz, hoy sede de la hermandad de la Mortaja. ¿Por qué no se los considera un valor patrimonial más? Eso es uno de los muchos misterios que en Sevilla aún quedan por escudriñar.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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