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Huir de la Feria

Algunas sugerencias para escapar, en la medida de lo posible (que es bien poco), de la bonita fiesta abrileña, o mayera, que lo tiene todo lleno de caballos y cantes

el 03 may 2011 / 19:23 h.

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El colorido de sus plantas es uno de los valores del Jardín del Rocío

Sin prolegómenos, que no hay tiempo: usted se quiere escapar de la Feria y no sabe cómo. ¿Solución? No la hay. La Feria es un fenómeno invasivo, gaseoso, ineludible. Pero eso no significa que no deba intentarse muy seriamente si ésa es la voluntad de uno, pues ya dijo Menandro de Atenas que quien tiene la voluntad tiene la fuerza, y no vamos a llevarle ahora la contraria nada menos que al sucesor de Aristóteles. Lo conveniente, por el contrario, es honrar a los griegos con unas cuantas propuestas alternativas para toda persona que encuentre respetable, pero quizá excesivamente cansina, esa tendencia a bailar todo el tiempo canciones que hablan del sector agropecuario.

Flores y plantas: eso es lo que usted necesita, convertir su casa en un himno a la Botánica. Acérquese al Jardín del Rocío, en una de las salidas de Dos Hermanas a la autovía de Cádiz, y elija las que más se acerquen a sus sentimientos: la albahaca (odio), la lavanda (ternura), el girasol (salud), la begonia (cordialidad), el escaramujo (¿alguien que haya nacido más abajo de Northumberland acude a un vivero pensando en escaramujos, o sea, en felicidad efímera?). Cómprese el naranjito enano ese que sale en la foto, el kumquat, que no vea cómo están sus frutos bañados en chocolate: para morirse. Por la mitad de lo que cuesta una tarde de aperreo en los cacharritos de la Calle del Infierno podrá poner su hogar tan florido que a partir de ese día a la Dama de las Camelias la llamarán la Dama de las Pamplinas, en comparación.

Ya se ha quitado un día de encima. Y ahora que tiene el ánimo tan fragante, lo suyo es que éste le pida algo de teatro, por ejemplo: malas noticias, porque Sevilla entra en coma cultural hasta la semana que viene o así. Pero a cambio puede y debe acercarse al Convento de Santa Clara, donde se ha prorrogado hasta fin de mes la exposición Sevilla y los Machado. Usted no se puede ni imaginar el saludable, beatífico, hondo y embellecedor efecto que tiene esta visita para el alma. No ya por la muestra, que está bien, claro, sino por ese convento restaurado que es una preciosidad (por cierto: se entra por la calle Becas, a ver si alguno, ignorante de este detalle, se va a poner a aporrear las puertas, en plan Tenorio o quienquiera que fuese el que aporreaba puertas de conventos cuando pasaban cinco minutos de la hora y su amada no aparecía).

Sí, claro, siempre están igual, gruñirá alguno carente de alivio:que si flores, que si teatros, que si exposiciones. Pues vale: Haga un cursillo de entrenador de baloncesto, si lo que quiere es zafarse del ambiente feriante de una manera más original. Ya puede comprarse un reglamento y un calzado que rechine mucho y encerrarse a estudiar, porque el 13 de mayo empieza. Además, es semipresencial, que es más cómodo todavía. Hay que apuntarse en la federación de ese deporte, que está en el número 17 de la calle Avión Cuatro Vientos, pero antes conviene que se informe bien de todo en la web oficial: www.andaluzabaloncesto.org.

Y... ¡claro que hay teatro! Una maravilla, además, que se salva de la sequía de esta semana. El sábado de Feria, vaya con toda la familia al pedazo de auditorio que lleva el nombre de las Riberas del Guadaíra, donde presenciará un espectáculo de muñecos indescriptible, mágico y fabuloso para toda la familia: El truco de Olej, de Pampinak Teatro. Pero si no le apetece coger el coche, no se altere: salga a la calle, intente descubrir los remedios que la propia Sevilla ofrece contra sí misma. Ya sabe: en la adversidad una persona es salvada por la esperanza. Lo dijo Menandro de Atenas, así que punto en boca.

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