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Identidad andaluza

En poco tiempo se cumplirán treinta años de autonomía en Andalucía. Si miramos con perspectiva todo este tiempo transcurrido, apreciamos tres ideas que están unidas indisolublemente y que ya forman parte del acervo histórico de nuestra tierra: autonomía, progreso y bienestar.

el 15 sep 2009 / 07:51 h.

En poco tiempo se cumplirán treinta años de autonomía en Andalucía. Si miramos con perspectiva todo este tiempo transcurrido, apreciamos tres ideas que están unidas indisolublemente y que ya forman parte del acervo histórico de nuestra tierra: autonomía, progreso y bienestar.

A ello, debe unirse el importante papel que Andalucía jugó hace cerca de tres décadas, y que ha vuelto a jugar en la pasada legislatura, como contrapeso de los nacionalismos más insolidarios, al vislumbrarse, de nuevo, como artífice de la España plural solidaria. El modo de acceso de Andalucía a la autonomía, y todas las circunstancias que lo rodearon, representaron un punto de inflexión determinante de nuestra vida constitucional contribuyendo a fraguar la idea de la España plural hoy existente.

Así fue porque el caso andaluz supuso la quiebra de la previsión, alentada por el Gobierno de UCD y determinados partidos nacionalistas, de la existencia de dos tipos de comunidades autónomas. Este diseño político, denominado por algunos como federalismo asimétrico, quizá hubiera resultado suficiente para calmar las tradicionales tendencias centrífugas de determinadas fuerzas políticas nacionalistas que, amparándose en la existencia de hechos diferenciales, buscan en el sistema de distribución territorial del poder una vía de reivindicación de postulados ideológicos difíciles de encajar en un Estado autonómico que pivota sobre el principio de la solidaridad interterritorial. Y probablemente así hubiera sido si el pueblo andaluz no hubiera hecho ciscos las previsiones de las fuerzas nacionalistas y conservadoras.

Y Andalucía, como nueva comunidad histórica, debía buscar su propio "hecho diferencial", y lo encontró en una decidida apuesta por hacer realidad en su tierra el Estado Social, el Estado del Bienestar, apostando por la igualdad de oportunidades y por la mejora cultural, social y económica del pueblo andaluz.

La recuperación de la democracia generó en Andalucía una progresiva demanda de autogobierno que fue paralela a una intensa afirmación colectiva del pueblo andaluz. La aspiración al autogobierno, deseo perfectamente conciliable con la identificación con España que siempre ha tenido el pueblo andaluz, tuvo un intenso componente transformador orientado a la realización de ideales de auténtico cambio social en Andalucía. La autonomía iba a suponer la posibilidad, secularmente negada al pueblo andaluz, de consecución del bienestar social, cultural y económico. Y la realidad actual de Andalucía ha confirmado que ese pensamiento era completamente acertado.

Por todo ello, afirmar que el referente de la identidad andaluza sea Blas Infante supone, además del fomento de la existencia de un mito de difícil compatibilidad con el logos democrático, sencillamente una inexactitud histórica.

Profesor de Derecho Constitucional.

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