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Il Cavaliere

Las elecciones generales celebradas en Italia los pasados días 13 y 14 han significado una arrolladora victoria de la derecha, representada por sus dos partidos más importantes, El Pueblo de la Libertad y la Liga Norte; y la vuelta de Berlusconi a la jefatura del gobierno...

el 15 sep 2009 / 03:33 h.

Las elecciones generales celebradas en Italia los pasados días 13 y 14 han significado una arrolladora victoria de la derecha, representada por sus dos partidos más importantes, El Pueblo de la Libertad y la Liga Norte; y la vuelta de Berlusconi a la jefatura del gobierno, después de dos años de poder de la izquierda, cuya gestión se ha visto lastrada por las divisiones internas y su ineficacia. La victoria de la derecha ha sido tan rotunda que en algunas zonas del país la diferencia lograda sobre el Partido Democrático ha llegado hasta los 19 puntos. En democracia el veredicto de las urnas es inapelable y carece por completo de sentido hablar de irresponsabilidad de los electores o de error del pueblo o alegar cualquier otro pretexto justificador o explicativo de la aplastante victoria de Berlusconi.

La inteligencia de la situación política italiana requiere un análisis en profundidad que supere lo puramente anecdótico y mediático. La historia personal y política de Il Cavaliere es lo suficientemente conocida como para detenerse en ella. En esta ocasión, a sus 71 años, pretende presentarse como un líder político más experimentado y realista que no promete "la gran modernización de Italia", si no que reconoce en su programa que "la situación es muy difícil y los italianos deben ser conscientes de ella" y que "no prometemos ni hacemos milagros". Pero la catadura moral del personaje puede valorarse mejor con el análisis de algunas de sus últimas manifestaciones, unas anteriores y otras posteriores a la cita electoral. Así, sin el menor rubor ni temor al descrédito, afirmó que "cuando los impuestos son demasiado elevados, es moral recurrir a la evasión fiscal" o que se viviría mejor en democracia sin los comunistas y sin la prensa. Y nada que añadir a estas manifestaciones que se comentan por sí solas, como las manifestaciones machistas o xenófobas repetidas en varias ocasiones.

Ante tal situación muchos se preguntan cómo es posible que un pueblo, como el italiano, encomiende su gobierno a semejante político. Los movimientos populistas, como éste de Berlusconi, o el de Chávez en Venezuela, o, a una escala menor, el de Jesús Gil en Marbella, no surgen de la nada ni de forma espontánea. Todos responden a un esquema similar, con algunas singularidades debidas al país en que surgen o al personaje que los lidera o personifica. La corrupción generalizada, la crisis e ineficacia de los partidos políticos, y el desconocimiento de los problemas reales de la sociedad son el caldo de cultivo propicio para que surjan estos movimientos populistas, fascistoides y encarnados por personajes iluminados que se presentan como salvadores de la patria. Así ha ocurrido en Italia desde los años 40 y en la Venezuela anterior al chavismo.

Este populismo, basado en la irracionalidad y el sentimiento, sólo puede combatirse desde la racionalidad y la inteligencia aliadas a la paciencia y al transcurso del tiempo. Estos movimientos siempre tienen éxitos electorales al principio de su andadura, pero terminan diluyéndose en la demagogia, la ineficacia y una corrupción aún mayor que aquélla que querían eliminar.

Antonio Ojeda Escobar es notario

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