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Ilegal pobre, ilegal rico

Ayer, aparte de la reunión de Zapatero con nueve ministros, la noticia del día en todos los periódicos -incluidos los nacionales- era la del nigeriano que en Sevilla entregaba a la policía una cartera perdida con 2.700 euros y otros efectos bancarios.

el 15 sep 2009 / 09:55 h.

Ayer, aparte de la reunión de Zapatero con nueve ministros, la noticia del día en todos los periódicos -incluidos los nacionales- era la del nigeriano que en Sevilla entregaba a la policía una cartera perdida con 2.700 euros y otros efectos bancarios. Para el inmigrante, el dueño de la cartera era un rico, ya que, según sus declaraciones, pensaba incluso que él mismo podría haberlo sido si se hubiera quedado con ella y eso aumenta el valor de la devolución. En los cuentos o en las novelas de Walter Scott leíamos que esas cosas creaban relaciones duraderas: el rico recompensaba el gesto dando protección y, a su vez, el pobre se lo agradecía toda la vida; quizás en eso pensara éste, amenazado de expulsión.

Pero hoy nadie hace caso a los Cuentos de Maricastaña y los argumentos de las románticas novelas del escocés son antigüallas. Antes, el dinero no servía para pagar esas acciones, hoy el propietario del objeto perdido fijaba su relación con el inmigrante no en echarle una mano sino en una gratificación de 50 euros. Se ha quedado tranquilo aunque el Código Civil, en su artículo 616 y siguientes, cuantifica para estos casos la recompensa del hallador: la vigésima parte del valor de lo encontrado, con lo cual a éste le hubieran correspondido 100 euros más. Todas las noticias resaltan la situación de ilegalidad del inmigrante, ninguna la ilegalidad de la recompensa.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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