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Ilusiones vienesas de un próspero año nuevo

Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Concierto extraordinario de Año Nuevo.

Lugar: Teatro de la Maestranza.

Fecha: Martes 4 de enero de 2011. Dirección: Manfred Mayrhofer.

Programa: Valses, polcas, marchas y oberturas de Johann Strauss jr.,
Emil Nikolaus von Reznicek y Franz von Suppé

el 05 ene 2011 / 09:46 h.

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  • Veinte años lleva la Orquesta Sinfónica de Sevilla liderando la oferta musical y cultural de una ciudad que antes, durante mucho tiempo, sufría una lamentable y casi absoluta sequía en esas lides. Momento ahora de hacer balance y celebrarlo, apostando por una pronta recuperación económica que haga posible que todos estos años y las satisfacciones que nos han reportado no sean en vano.

    En unas fiestas como éstas, en las que desafortunadamente la ciudad sólo nos ofrece distracción en forma de compra compulsiva, es un motivo de enorme alegría y satisfacción que hayamos podido disfrutar de dos conciertos extraordinarios, el del pasado 19 de diciembre, de la mano de clásicos navideños fundamentalmente de la cultura anglosajona y muy especialmente de la norteamericana; y ahora el de Año Nuevo, siguiendo el esquema y el modelo del que desde hace tanto tiempo nos acompaña cada comienzo de año desde Viena. Estados Unidos y Austria, dos tradiciones ajenas a las nuestras, pero a la vez con las que nos sentimos tan familiarizados.

    Una manera estupenda de salir de nuestras propias limitaciones.Ya el pasado año hubo un intento de celebrar un concierto de estas características, finalmente abortado. En esta ocasión se ha contado con un especialista en emular conciertos vieneses por todo el Mundo, el también austriaco Manfred Mayrhofer, un veterano erigido no sólo en director sino también en perfecto anfitrión y maestro de ceremonias de lo que acabó siendo toda una fiesta, más por la alegría desplegada que por la excelencia musical. Hubiera sido conveniente una mayor dedicación para extraer de la orquesta todo su potencial, más teniendo en cuenta que se trata de un repertorio al que apenas se había enfrentado antes.

    Un programa edificado en torno a Johann Strauss jr, flanqueado en los extremos por Reznicek y Suppé, que merece una lectura más sofisticada, detallista, matizada y reflexiva de la que fue capaz de extraer Mayrhofer.Frente a aciertos como la suntuosidad desplegada en Sangre vienesa, la polca Champagne o los valses Rosas del Sur y Las mil y una noches, o el virtuosismo técnico manifestado en la Nueva polca pizzicato, hubo páginas en las que dominó una lectura abrupta y carente de sutileza, como en Vino, mujeres y canciones o la Obertura de Una mañana, una tarde y una noche en Viena.

    Ataques severos, tempi ajustados pero con poco nervio, y alguna descoordinación, especialmente en Luz del corazón, se alternaron con momentos jocosos como la Marcha egipcia, en la que la intervención de los músicos cantando se extendió al público; o las imprescindibles palmas en la Marcha Radetzky, de Johann Strauss padre, en unos bises, que junto al Danubio Azul y la costumbre de felicitar el año interrumpiendo sus primeros compases, contribuyeron a crear esa ilusión de concierto tal como marca la tradición vienesa. ¡Larga vida a la ROSS!

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