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In memorian. Hace once años

Hoy, 30 de enero, se cumplen once años del día en que la banda terrorista ETA mafia asesina, asestó un crudo golpe en nuestras vidas, llevándose por delante a Alberto y a Ascen, dos sevillanos jóvenes comprometidos y queridos.

el 15 sep 2009 / 21:53 h.

Hoy, 30 de enero, se cumplen once años del día en que la banda terrorista ETA mafia asesina, asestó un crudo golpe en nuestras vidas, llevándose por delante a Alberto y a Ascen, dos sevillanos jóvenes comprometidos y queridos.

Hoy cumplimos once años más los que teníamos cuarenta y cuatro, treinta o cincuenta y dos. Y también los que tenían cuatro, siete o nueve.

El futuro de un país se construye a partir de lo que se tiene, con la mirada en el horizonte, pero con los pies en el suelo. Y el suelo que hoy pisamos, nuestras reglas de juego, está contenido en la Constitución.

Por tanto, en primer lugar, reconocimiento de lo que tenemos y de lo que somos. Porque sólo reconociendo lo que tenemos y lo que somos, podemos hacer propuestas realistas de futuro.

ETA, aunque más debilitada que nunca, no ha desaparecido y desde luego, puede seguir matando y realizando acciones terroristas, pero nadie duda ya de que sus pretensiones no son aceptables y nunca serán posibles en nuestra democracia. Especialmente por su demostrada incapacidad para aceptar la política democrática.

Además, nuestras leyes impiden la acción política a quienes forman el entorno de la banda terrorista. El principio de que con violencia no es posible la política, debe ser llevado hasta sus últimas consecuencias, porque es un principio ético instalado en la naturaleza misma de la democracia, de forma particular ante la convocatoria de elecciones vascas del 1 de marzo.

Y para que en las instituciones democráticas no estén quienes van a ellas a defender la violencia o a quien la practica, tenemos que asumir nuestra pluralidad. Tenemos que ser capaces de reconocernos todos, sean cuales sean nuestras ideas, como miembros de un mismo país, de un mismo pueblo.

Por ello, no queremos ya resignarnos a que se intente, desde un falso victimismo, jugar a la confrontación permanente para volver a los tiempos de los bloques enfrentados y a la política hecha desde las trincheras de la que algunos quieren sacar quien sabe qué beneficios, incluso electorales.

La unidad democrática de las fuerzas políticas y sociales contra el terrorismo es una condición necesaria para la desaparición de la violencia. La unidad es nuestra fuerza y la garantía de su derrota. La unidad es la respuesta que nos exigen las víctimas. El liderazgo comprometido desde la unidad de las instituciones son imprescindibles para la deslegitimación social de la violencia.

En el final del terrorismo, la unidad es más importante que nunca.

Así, los que ahora tenemos quince, dieciocho o veinte, cincuenta y cinco, cuarenta y uno o sesenta y tres tendremos por bien aprendidos estos once años, aún con la dolorosa ausencia de Alberto y Ascen.

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