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Incongruencias en la Plaza de la Alianza

El rechazo de un grupo de vecinos del barrio de Santa Cruz a la sustitución del rótulo de la Plaza de Alianza por otro con el nombre de Indalecio Prieto ha terminado con la decisión municipal de paralizar el cambio. Los sucesos acontecieron en sólo 24 horas. A media...

el 16 sep 2009 / 05:25 h.

El rechazo de un grupo de vecinos del barrio de Santa Cruz a la sustitución del rótulo de la Plaza de Alianza por otro con el nombre de Indalecio Prieto ha terminado con la decisión municipal de paralizar el cambio. Los sucesos acontecieron en sólo 24 horas. A media mañana del lunes, un par de operarios retiraban el rotulo con la denominación de la Plaza de la Alianza. No pudieron quitar más que un par de letras. De inmediato, unos vecinos les reprocharon la actuación; por la noche celebraron una concentración de protesta y a la mañana siguiente arrancaron el compromiso de Antonio Rodrigo Torrijos de paralizar el cambio. ¿Es la decisión correcta? Si lo que se pretende es calmar los ánimos vecinales, es evidente que sí, pues éstos han logrado su aspiración y la plaza seguirá denominándose de la Alianza. Pero habría que preguntarse si se ha actuado de modo correcto. Los vecinos están en su derecho a reclamar lo que consideran justo, y si cualquiera hace un ejercicio de empatía entenderá que tengan pocas ganas de que les cambien el nombre de su calle, con las molestias que eso ocasiona a efectos prácticos. Pero una cosa es atender los deseos de un grupo particular de ciudadanos y otra bien distinta es que se dejen de cumplir las decisiones del Ayuntamiento. Hace tres años y dos meses que el Pleno municipal tomó la decisión de cambiar el nombre y a pesar del tiempo transcurrido no se ha procedido a la sustitución de los azulejos. Sevilla es una ciudad en la que muchos proyectos se eternizan, pero no hay razones para justificar semejante retraso. Si se decide algo, como en este caso darle el nombre de una plaza de Santa Cruz a un ministro de la Segunda República, se cumple. Y si ahora no interesa cambiarlo por una cuestión de oportunidad política pues se revoca la decisión plenaria. Cualquier cosa menos dejar guardado en un cajón una decisión que debe hacerse efectiva, aunque sea por una mera cuestión de credibilidad de las instituciones.

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