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Cultura

Inmaculada Salinas y Luis Cruz unen sus biografías

El galerista sevillano Rafael Ortiz funde las creaciones de dos pintores que no se conocían hasta ahora en la exposición 'Retrato del deseo'.

el 19 mar 2010 / 20:49 h.

Cuando se conocieron el pasado mes de febrero en Arco -la feria de arte contemporáneo más importante del país-, Inmaculada Salinas y Luis Cruz Hernández estaban ya condenados a entenderse. No coinciden en generación, ni en estilo, ni en procedencia. Ella es sevillana del 67; él, vallisoletano del 50. Sin embargo, la mente siempre inquieta del galerista Rafael Ortiz fue capaz de hacer la lazada de las coincidencias -"los dos son muy pintores", asegura- y, previo a sus salutaciones en la feria madrileña, ya había ideado una exposición dual y simultánea en su sala con la obra de ambos.

El resultado es Retrato del deseo, una propuesta "un poco desconcertante", tal y como reconoce el propio Ortiz, en la que ha forzado la convivencia de los cuadros de Salinas y Cruz. "Me ha encantado verla montada, descubrir cómo dialogan los cuadros, no son chocantes sus lenguajes", repasaba ayer el galerista a su paso por la sala.

Del primero, ya de vuelta a Valladolid tras la inauguración de la muestra, Rafael Ortiz destaca "su mundo tan personal y sus constantes referencias biográficas". En los cuadros de Cruz Hernández, que han ido viajando paulatinamente de la abstracción a una figuración onírica y sentimental, existe una "acumulación de imágenes, vivencias y recuerdos" que dan forma a su universo pictórico.

Y aquí encontramos un nuevo vínculo: la vida, las obsesiones y su imaginario personal traspasan también las pinturas de Inmaculada Salinas, que ha optado por cuadros de gran formato donde desarrolla una abstracción de enorme complejidad formal. "Me veo muy extrema, y sólo me desarrollo bien en los formatos muy grandes o en los muy pequeños. En los últimos hago series y en los grandes, variantes de una misma idea. Es un trabajo que veo muy obsesivo, desarrollo al límite de mis posibilidades el automatismo, la repetición. Es como un callejón sin salida, algo que debería superar pero que me resulta imposible", se explica Inmaculada Salinas frente a sus potentes, caóticos y alucinados lienzos monocromáticos. "Me identifico más con el dibujo, quizás por eso apuesto por la complejidad formal y simplifico con los colores", apunta.

Retrato del deseo es la primera exposición en más de siete años de la artista sevillana, natural de Guadalcanal. Su última aparición pública fue en la galería Estampa; y a partir de ahí, el silencio. "Ahora me he reconciliado con el hecho de exponer, de sacar la voz", dice la pintora, y pone como ejemplo una serie de pequeños dibujos y collages colgados en la estancia superior de la galería donde distintas mujeres, atrapadas por un impreciso ovillo, sólo tienen libre la boca. "Es aquí donde simbolizo mi intención de sacar mi voz y ver al servicio de quién o de qué cosas se pone", reflexiona Salinas ante las obras de su compañero de sala, de quien destaca su complementariedad. "No nos hacemos daño", bromea.

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