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Inmigración. Al Andalus a toda costa

En vísperas del cierre de campaña de las elecciones europeas, 18 personas, entre ellas varios niños, fueron devoradas por el Estrecho de Gibraltar.

el 16 sep 2009 / 03:52 h.

En vísperas del cierre de campaña de las elecciones europeas, 18 personas, entre ellas varios niños, fueron devoradas por el Estrecho de Gibraltar. A pesar de la crisis económica, de la debacle política que vive el Reino Unido y los paquetes de seguridad que impone el nudista Silvio Berlusconi en Italia; a pesar de las polémicas en Alemania y Austria sobre el ingreso de Turquía en la UE, pese al ascenso de la ultraderecha islamófoba en Holanda, los espaldas mojadas siguen sin entender de Gürtel ni de Falcon y se juegan el pellejo por llegar a esa terrible España de ZP que dibuja la caverna como una caricatura electoral, tan sucia como efectiva.

¿Qué ha hecho Europa para evitar esa muerte colectiva frente a las costas andaluzas? Pagar a varios gobiernos del Magreb y del sur del Sáhara para que incumplan la Declaración Universal de los Derechos Humanos e impidan que huyan quienes quieran fugarse de la miseria, de la falta de horizontes y de libertad. Que les impidan zarpar en un barco rumbo a ninguna parte; salvo quizá, hacia los arrecifes del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior, que sigue blindando la fortaleza.

Mientras morían, Barack Hussein Obama hablaba en El Cairo sobre la legendaria convivencia en Al Andalus, que en ocho siglos tuvo luces como Al Hakan II y Al Mutamid, o sombras siniestras como Almanzor. Citó a la Inquisición, pero no mencionó a los moriscos, expulsados justo hace 400 años, tal y como ahora expulsamos a esos náufragos de la globalización que intentan saltar la valla de este oasis venido a menos.

Los muertos no tenían papeles ni derecho a funerales de Estado, ni contrato de integración ni un chapuz en la economía sumergida, como ocurre en la Unión Europea con más de ocho millones de personas sin permiso de trabajo o residencia que seguro que volverían a poner en juego su vida por un visado que tampoco tienen. Ni voz, porque son invisibles; ni voto, por lo mismo. Por lo tanto, hoy, nadie va a echar de menos su presencia en los colegios electorales. Y su palabra, desde luego, no será decisiva para intentar dibujar una Europa distinta a la de la directiva de la vergüenza, que pactaron los conservadores y algunos socialistas, incluyendo a los españoles.

Mientras África se ahoga en el despotismo de sus propios tiranuelos y, sobre todo, en los intereses neocoloniales de los amos del cotarro que siguen sin ser africanos, desde la UE cada vez más Mercado Común, nos limitamos a enviarles nuevos ángeles exterminadores para expulsarles del paraíso sin demasiadas garantías jurídicas básicas, tal y como han denunciado esta semana Acoge o la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía. ¿Esa es la Europa que queremos? ¿No deberíamos ir a votar hoy para intentar evitarlo?

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