Cultura

Insospechado exitazo del autobús lanzadera

Entre el calor, el polverío y el ambiente festivo de la inusualmente populosa explanada del estadio, repleta de feligreses de una misma deidad, allí ya no se sabía si lo que iba a llegar era el autocar de Madonna o las carretas tiradas por bueyes. Los únicos que aparecían con una regularidad exquisita eran los autobuses de Tussam.

el 15 sep 2009 / 11:55 h.

Entre el calor, el polverío y el ambiente festivo de la inusualmente populosa explanada del estadio, repleta de feligreses de una misma deidad, allí ya no se sabía si lo que iba a llegar era el autocar de Madonna o las carretas tiradas por bueyes. A falta de ambos, los únicos que aparecían con una regularidad exquisita eran los autobuses articulados de Tussam, tan fresquitos y oscuritos por dentro que daban ganas de comprarse el disco de la simpar artista y quedarse allí metido toda la noche con los casquitos, like a Virgin. Por desgracia para quienes tuviesen esta idea y por suerte para los asistentes al espectáculo (unos 60.000), el trayecto duraba sólo cinco minutos. Esta brevedad fue una de las razones de que estas lanzaderas, expresamente dispuestas por el Ayuntamiento para el concierto de anoche, registraran cerca de 11.000 viajeros sumando los de ida y los de vuelta. Además, se reforzaron las líneas 2, 6, C1 y C2 retrasando su finalización hasta las dos de la mañana.

Si lo que pretendía la municipalidad era desquitarse de la pésima organización del transporte y del tráfico cartujano con ocasión del concierto de Héroes del Silencio, celebrado en el mismo sitio hace ahora once meses, la verdad es que lo logró con holgura. Si acaso hubo algo menos de fluidez a la salida del espectáculo, por la sencilla razón de que, frente a la afluencia espaciada al recinto durante las horas anteriores, una vez concluido el acto todos querían irse al mismo tiempo. Pero de esos gajes del oficio de asistir a conciertos multitudinarios no tiene la culpa Tussam. Y en todo caso, la eme de esas siglas no significa Milagros.

¿O sí? Querer es poder, vienen diciendo desde antiguo todos los profetas. Manuel Roldán, jefe de Tráfico, describía anoche, pletórico, las excelencias de este sistema de lanzaderas al que sólo le faltaba llevar a la gente volando y darles una cocacola: desde las cinco de la tarde hasta las dos de la madrugada ("o fin de la demanda"), veinte autobuses dobles o articulados cubrieron el denominado Servicio Especial Concierto Madonna. Se sirvieron para ello de un itinerario no exclusivo pero sí restringido gracias a la mediación del Centro de Coordinación Operativa (Cecop): desde el arranque en la glorieta de la Duquesa Cayetana de Alba (para que todos lo entiendan: justo a un costado del Puente de la Barqueta, en Torneo) hasta el Estadio Olímpico, tirando para ello por el interior de la Cartuja, y salida por el Puente del Alamillo para aparecer de nuevo en Torneo y vuelta a empezar.

Un euro el paseo. "Llegaremos a tres o cuatro mil viajeros transportados a la ida y el doble de vuelta", vaticinaba el jefe de Tráfico pasadas las seis de la tarde, cuando las taquillas de Torneo apenas llevaban una hora abiertas y ya habían pasado por ellas 1.500 usuarios, a razón de un euro el billete. Tanto éxito tuvo el invento desde el principio que a eso de las cinco y media, cuatro horas antes del concierto y atraídos por la muchedumbre que se arracimaba sin llegar a ser molesta para sí misma, se colocaron allí un par de argentinos vendiendo camisetas de Madonna y tuvieron que ir varias veces a reponer existencias.

Se recomienda adquirir billete de ida y vuelta, rezaba el cartel al comienzo de los accesos a las cuatro taquillas. Aun así, en la salida sur del Estadio Olímpico había otros seis puntos de venta para aligerar el regreso cuando llegase la hora. "Esto está todo previsto y todo organizado", presumía con cierta contención el citado Manuel Roldán. De manera que la estrepitosa pifia de octubre de 2007, contra los peores augurios, no sólo no se repitió ayer sino que se invirtió, lo que de momento establece dos hipótesis de trabajo: que Sevilla hace las cosas de lujo cuando le da la gana y que le da la gana al menos una de cada dos veces.

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