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En una de sus genialidades, Fernando Fernán Gómez rectificó a los escritores y ensayistas de la Generación del 98, sobre todo a Unamuno, que meditó mucho sobre la envidia española.

el 16 sep 2009 / 06:04 h.

En una de sus genialidades, Fernando Fernán Gómez rectificó a los escritores y ensayistas de la Generación del 98, sobre todo a Unamuno, que meditó mucho sobre la envidia española. El autor de El viaje a ninguna parte recalcó que lo que existe en España no es envidia, sino desprecio. Un desprecio que carga contra quien tiene éxito, aunque tenga manifestaciones como las que se regalan Felipe González y José María Aznar. El de González, que no está exento de defectos, es individual, está dirigido a la persona de Aznar por lo que puede denominarse carencias culturales, la incapacidad de interpretar la Historia con sentido universal. El de Aznar, tiene un perfil colectivo, está orientado a la naturaleza del despreciado, que es andaluza, y a sus posiciones más o menos heterodoxas respecto a la impuesta cultura tradicional. El análisis de las frases que le dedicaba en la última legislatura de oposición confirma la tesis, están repletas de los adjetivos que en otras comunidades utilizan para definir a los andaluces. La confirmó en las conferencias que después de gobernar pronunció en los Estados Unidos, aquel absurdo de que los españoles llevamos quinientos años de enemistad con el Islam. De una opinión tan improcedente, viene el desprecio a los andaluces, tan partidarios de ese mestizaje que un ex ministro de Cultura de Francia, Jack Lang, aprovecha para poner de ejemplo de futuro, y Obama, en su histórico discurso de El Cairo, ofrece como referencia Córdoba. Al día siguiente fue contestado por historiadores de la escuela de Aznar, con la teoría de que la convivencia de las tres grandes religiones no fue perfecta. La razón por la que ponen rocas en el camino es bien simple, la suya tiene que estar por encima de las restantes y mantenerse en los cánones ordenados por Felipe II. De ahí llega ese desprecio a Andalucía y a los andaluces que mantienen costumbres mestizas y, fieles a su leyenda, siguen sin promover enemistades con nadie y menos porque tengan otra cultura. A esa escuela xenófoba pertenece Esperanza Aguirre, la penúltima con la pretensión de insultar a Andalucía sin percibir que a palabras necias?

Periodista. daditrevi@hotmail.com

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