Intrahistorias de un arrepentimiento

Fax, llamada del Banco de España y un no de José Antonio Griñán marcaron 24 intensas horas en Cajasur. 

el 21 oct 2009 / 21:15 h.

Un fax remitido directamente por Braulio Medel, el presidente de Unicaja, a su homólogo en Cajasur, Santiago Gómez Sierra, fue la tabla de salvación de éste para justificar, bien avanzada ya la noche del pasado martes, que se arrepentía de ese torpedo lanzado la víspera para paralizar la fusión de ambas entidades si la Junta de Andalucía no respetaba, en la modificación de la Ley de Cajas, los privilegios de los canónigos. Sin embargo, tal papel, que según la entidad cordobesa recogía "garantías" para la Iglesia, nada de éstas decía, sino que se limitaba a reseñar lo que dicta la norma (el decreto-ley) aprobada por el Gobierno andaluz.

Y es que el contenido del fax salvador estaba escrito con el estilo de la parte contratante de la primera parte, de forma que, en caso de fusión posterior a la de Unicaja y Cajasur, se haría lo que dice este artículo, que remite a este otro y éste, a su vez, a aquél. Ni más ni menos, por tanto, que la actual ley y su reforma. No recogía garantía adicional alguna para que el Cabildo de Córdoba, entidad fundadora de Cajasur, mantenga en futuras fusiones de cajas de ahorros los mismos sillones y cuota de poder que le corresponden en la unión con la malagueña.

Pero el fax que le permitía al Cabildo lavar la cara ante lo que era a todas luces una rectificación no fue lo determinante en la jornada del martes, sino una llamada del Banco de España en la que, en términos muy duros, el supervisor conminaba a Cajasur a seguir adelante con la fusión sí o sí. Y si se resistía, el camino sería la intervención de la entidad cordobesa, con todos sus canónigos fuera. Mejor conservar algunos en la unión con Unicaja que quedar abocada a una deshonrosa salida de los directivos con alzacuellos.

Gómez Sierra, quien no comulga precisamente con Medel, trató de contactar durante toda la jornada con el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, puenteando, pues, a la consejera de Economía y Hacienda, Carmen Martínez Aguayo, encargada de elaborar el decreto-ley. Haber atendido a sus llamadas hubiera supuesto desacreditar a su consejera y nada más lejos de la intención del presidente andaluz. Si quiere algo, que llame a Torretriana, sede de la Consejería. Ahí se encuentra la interlocutora y ahí también se conocía el ultimátum dado por el Banco de España.

En el Cabildo cordobés, asimismo, existe gran recelo hacia su socio, Unicaja, y más después de que el discreto Braulio Medel -cuando habla, sentencia- dijera en los medios de comunicación que no aceptaría ningún tipo de "singularidad" en la caja unida, en referencia a los privilegios de los canónigos. Aquí todos moros o todos cristianos, igualdad. Y si no era así, llegó a sugerir el cajero, mejor romper.
Los canónigos entienden que el pacto de fusión será respetado durante el periodo transitorio de la fusión, pero no tienen la seguridad de qué pasará después. ¿Quién lo sabe?
Pero en la intrahistoria de la marcha atrás hay más. Fuentes internas de Cajasur admiten que la cuestión de los sillones es relevante, que la del límite de edad que hasta ahora disfrutaban los curas-cajeros (75años) es nimia -en épocas de Miguel Castillejo no lo era, pero en estos momentos ninguno supera los 60 años- y que en el trasfondo hay tres claves.

La primera, el trabajo que le cuesta al Cabildo de Córdoba desprenderse de "su obra". La segunda, que teme perder el control de la Obra Social de la caja, a través de la que ejerce una notable influencia sobre la sociedad. Y, por último -pero de gran importancia-, que ven que se le escapa el status quo que habían conseguido salvaguardar con el pacto de fusión y con el primer borrador de la reforma que preparó Aguayo -incluso la aplaudieron- tras la campaña en contra de los partidos andaluces de izquierda.
Cambia la historia. Al menos en cuestiones financieras, ya no cabe el dicho de con la Iglesia hemos topado sino con el Banco de España hemos topado.

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