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Invadidos por las termitas

Silenciosas, difíciles de exterminar y muy comilonas. Las termitas de Aguadulce llevan ya casi dos años haciéndoles la vida imposible a los vecinos del pueblo. Mientras llega la ayuda para la exterminación, siguen dándose el atracón y destrozando la madera que encuentran su paso. Foto: Juan luis Barragán

el 15 sep 2009 / 19:25 h.

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Silenciosas, difíciles de exterminar y muy comilonas. Las termitas de Aguadulce llevan ya casi dos años haciéndoles la vida imposible a los vecinos del pueblo. Mientras llega la ayuda para la exterminación, siguen dándose el atracón y destrozando la madera que encuentran su paso.

Para los poco más de 2.000 habitantes de Aguadulce, tratar con estos insectos no es ninguna broma. Las termitas subterráneas, que son las que viven desde hace unos años en Aguadulce, aunque los vecinos de cierta edad recuerdan que siempre se ha hablado de ellas en el municipio, desempeñan en la naturaleza un papel fundamental: degradar la madera muerta de los bosques y campos. Sin embargo, en las casas, sus efectos, además de antiestéticos, pueden ser peligrosos porque devoran muebles, puertas y... vigas.

El alcalde de Aguadulce, Joaquín Benítez (IU), expone que es un problema contra el que llevan tiempo luchando y por el que han pedido ayuda en todas las administraciones posibles. "Fuimos a Vivienda, a Obras Públicas, a Medio Ambiente y a la Diputación de Sevilla: llamamos a 1.000 puertas y 999 se nos cerraron". En este sentido, la institución provincial les acaba de conceder casi 50.000 euros para su exterminio.

Y es que el problema se ha convertido en causa común en el pueblo: los que no están afectados pueden estarlo en cualquier momento porque es una plaga. De momento hay 60 viviendas donde está confirmada su presencia, pero pueden ser muchas más.

El Ayuntamiento de Aguadulce convocó a todos los vecinos para concienciarlos de la necesidad de formar una piña contra las termitas y editó una guía para su detección. "La propuesta era que cada vecino las combatiera de forma particular, pero después decidimos que compartiríamos los gastos de la desinsectación y emprendimos la búsqueda de la financiación para acabar con ellas".

Después de ponerse en contacto con varias empresas dedicadas a acabar con las termitas, el camino para concluir con la plaga pasa por la utilización de cebos, un proceso más lento pero mucho más eficaz. Tienen tres fases y entre seis y 12 meses acaba con las hormigas blancas. ¿El secreto? Un veneno de efecto lento que entra en la cadena alimentaria de los insectos y los aniquila.

"En las termitas, como en las hormigas y otros insectos, hay castas: las obreras son las que destrozan la madera para alimentar a las soldados, a las ninfas y al rey y la reina", explica Alberto Rodríguez, técnico municipal de Medio Ambiente. "Por ello, si envenenamos a las obreras con un insecticida de acción retardada, conseguimos que expandan el daño y, cuando mueran, que dejen de surtir de alimento a la colonia", agrega el experto, autor del estudio de detección y el que lleva todo el tema relacionado con la plaga.

Fases. Comienza ahora lo verdaderamente importante: acabar con los bichos. Para ello, primero hay que detectar su actividad colocando unos cebos con "madera fresca" que las anime a picar el anzuelo". Estos cebos miden el grado de presencia de las termitas, colocándolos en las aceras de las calles del pueblo. No suponen ningún inconveniente para los vecinos porque no requiere de obra de instalación (se coloca con un sencillo agujero un poco más grueso que el de un taladro).

Cuando ya se sabe dónde están los focos, se cambia la madera por otra contaminada, aunque igual de apetitosa, y a expandir el efecto.

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