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el 11 mar 2013 / 09:17 h.

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El festival inauguró su novedoso matrimonio con otras artes y propuestas. El riguroso canto polifónico del Vocalconsort Berlín se vio ilustrado con la coreografía del cordobés Antonio Ruz, mientras Uri Caine regresó a Sevilla, catorce años después, para repetir sus Variaciones Goldberg, más evolucionadas y perfeccionadas que cuando las interpretó recién cocinadas en el Teatro Central.

La propuesta del prestigioso conjunto alemán se adhiere a la tradición de Solesmes; canto sobrio, apoyado exclusivamente en el contrapunto y la armonía, que las doce voces combinaron con rigor y solemnidad, desgranando fragmentos de la Misa Pange Lingua de Desprez, y del libro I de las Canciones Sagradas del despiadado Gesualdo. Melania Olcina y Dimo Kirilov aportaron fragilidad y fuerza primitiva a la violenta, radical y espasmódica coreografía de Ruz, escenificando el éxtasis y la mortificación eclesiástica, o puede que reflejando la sádica relación del compositor con sus esposas.

El joven gallego Diego Ares ofreció la versión ortodoxa, no exenta de singularidad, de las Variaciones Goldberg, precedidas de un arreglo de una pieza para violín que llegó a despistarnos. Su interpretación en clave de dos teclados fue técnicamente impecable, reflexiva y matizada, con ornamentaciones muy personales y atrevidos juegos rítmicos. Sirvieron como preámbulo a la muy creativa intervención que de la célebre página hizo Uri Caine arropado por magníficos músicos, un DJ y los fabulosos espirituales de Barbara Walker. Tangos, mambos, recreaciones afrancesadas (el toque Rachmaninov más bien recordaba a Legrand), jam sessions, gipsy, y muchas otras sensacionales recreaciones en esta versión reducida y alterada de su disco homónimo. Ahora llegarán la pintura, el sarao y las marionetas.


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