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"Ir a un pleito sale más caro y es más largo que acudir a un mediador"

el 02 dic 2011 / 17:59 h.

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Javier Alés es profesor de la UPO y especialista en Mediación Familiar.

No debe resultarle complicado al profesor de Derecho administrativo y director de los títulos de Master y Especialista en Mediación Familiar en la Universidad Pablo de Olavide, Javier Alés, el conquistar el éxito en su despacho. Su verborrea es certeramente convincente y su campechanía corre recíproca con la capacidad de explicar las cosas con una claridad que tumba cualquier pregunta posterior. Su triunfo pasa por ver cómo dos personas resuelven pacíficamente un conflicto que creían irresoluble. "Sin sentencias de por medio todo es mucho más agradable", afirma como máxima principal.

-¿Cuál es la importancia exacta del Foro Mundial de Mediación donde usted ejerce como delegado de la zona Sur de España?

-Dicho en pocas palabras, este Foro es la entidad de mayor relevancia para los mediadores. Nos aglutina a todos y también suma a entidades públicas y privadas. Es una asociación siempre activa que se pone al día constantemente y que define líneas de acción.

-Mediación es un término amplio. ¿A qué se dedica usted exactamente?
-La mediación es un método de resolución de conflictos. Mejor aún, es un método de gestión de conflictos. Y yo, como abogado, me he especializado en este tema. Las dos partes se reúnen conmigo y buscamos una solución convincente para ambas.

-¿Ser mediador en Sevilla es diferente a serlo en Ferrol?
-Por supuesto. Aquí en el Sur hay más madera de mediadores. Para dedicarse a esto hay que ser muy asertivo, simpático, empático y los andaluces, todo esto, lo somos a tiempo completo [risas].

-Le despeja de trabajo a los de la toga...

-A esta profesión pueden llegar personas formadas en áreas psicosociojurídicas. Hay pedagogos, por supuesto, abogados. La mediación es un método y el apellido lo pone el conflicto: ya sea vecinal, educativo, intercultural o familiar. En todos los casos el fin último es llegar a un acuerdo. Intentamos ejercer fuera de los tribunales. Esto mejora el nivel de la justicia y hace que no todo el mundo dependa de terceros para decidir su situación.

-En un contexto de recesión como el que vivimos, ¿el papel de los mediadores se intensifica?

-Vivimos un momento muy delicado. Hablar de la cultura del acuerdo en plena cultura del conflicto es complicado. Pero cuando se ven las ventajas se comprende mejor nuestra dedicación. Con todo, ha costado mucho tiempo lograr que la mediación se vea como una nueva profesión.

-Sí pero ¿cuál es el perfil exacto de un mediador?, ¿qué más da llamar a un abogado que a otro?

-Tanto usted como yo somos médicos sin haber estudiado medicina. Sabemos que el Paracetamol baja la fiebre. Pero si se lo damos a nuestro hijo y no sana, entonces vamos a un médico profesional. Es bueno educar a la gente en la resolución de los problemas pero hay algunos insalvables. Ahí entramos nosotros. Nuestro primer objetivo: ganarnos la confianza de los clientes. Pero ojo, dos no llegan a un acuerdo si uno de ellos no quiere.

-¿Es lógico que existan varias asociaciones en cada región?

-Se están aglutinando distintos profesionales. Ese ha sido el origen de todas las profesiones. En Andalucía por ejemplo es muy típica la figura del compadre. Yo una vez me senté en una caseta de Feria a mediar sobre el derecho de su herencia. Este tipo de casos los cuentas en Navarra y se quedan pasmados. De ahí la idiosincracia que nos confiere la región.

-¿Alguna vez tiró la toalla en la mediación de un conflicto?

-Sí. Hay veces que nos quieren utilizar. Ir a un mediador limpia la imagen pero hay personas que desde el primer minuto comprobamos que no quieren ceder nada. Entonces utilizo un símil médico: "No puedo operar".

-¿Cómo evita la empatía con una de las partes cuando penetra en un conflicto familiar?

-La neutralidad es una clave fundamental. Más que imparcial yo me considero multiparcial porque debo (debemos) mantener el equilibrio entre ambas partes. A cada momento cedes el balón al equipo contrario. Por otro lado, el proceso es breve, dos o tres sesiones, un mes a lo sumo. Cada una cuesta 90 euros. Bastante más corto y económico que un pleito.

-La Ley de Violencia de Género prohibe la mediación...

-Sí, pero ya están saliendo voces que se preguntan ¿por qué? A lo mejor podíamos mediar entre los entornos de la víctima y el agresor, sería interesante como algo preventivo. Muchas veces el maltrato es psicológico y es difícil de medir. Por eso creo que podríamos jugar un buen papel.

-¿Existe una discriminación real hacia el hombre o esto es ruido mediático?

-En el día a día no existe. Es más la historia negra que hay alrededor. No quiero decir que no se den casos. Pero son aislados.

-¿Ha vivido momentos de tensión mediando?

-Claro. Forma parte de la realidad del día a día. La gente es muy tozuda, vienen con miedo y poca predisposición a hablar. Hay veces que hacemos sesiones individuales con cada una de las partes para aplacar los ánimos antes de verse. La mediación es como un traje a medida. Llevo 25 años de abogado, 15 de mediador. Y la satisfacción es tremenda, logras reírte y llorar con tus clientes.

-¿Existe algo que una pareja pueda hacer para que la separación no sea traumática?

-Es difícil saber cómo reacciona uno hasta que no se ve en una situación concreta. Pero contar hasta diez antes de decidir algo o intentar comprender el argumento del otro aunque no sea compartido no son malas tácticas.

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