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«Ir al colegio es mi ilusión»

Carmen Caro. 90 años. Alumna del centro de adultos polígono sur

el 08 sep 2014 / 12:00 h.

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Carmen cumple los años el 30 de julio, por lo que cada curso escolar lamentaba no poder hacer como sus compañeras de aula y celebrarlo con ellas. Antes de acabar el curso pasado, los alumas y profesores de su colegio le dieron una sorpresa y le hicieron un homenaje. Y es que 90 años no se cumplen todos los días –aunque ella sea «muy coqueta» según su maestra y no le guste revelar su edad, la ficha académica no engaña–. Carmen Caro es la alumna más longeva del centro de adultos del Polígono Sur, al que entró hace «unos veinte años» cuando tras jubilarse de una larga y dura vida de trabajo en el campo y como cuidadora de fincas, confesó a su marido «porque yo se lo consultaba todo» que su gran anhelo era estudiar para sacarse el graduado escolar «aunque al final ya era mayor para preparármelo», dice no obstante satisfecha del avance logrado tras su particular vuelta al cole.

Carmen forma parte de esos miles de ciudadanos que en su día no tuvieron la oportunidad de aprender a leer y escribir bien. «Mi padre me metió dos años en el colegio, con 8 años porque entonces se entraba más tarde, pero luego había que recoger las aceitunas y ya siempre había trabajo en el campo». Nacida en El Rubio, recuerda que su padre siempre prefirió que se dedicara a las labores agrícolas y no al servicio doméstico «porque entonces en el pueblo algunas muchachas que servían se quedaron embarazadas y mi padre no quería que entrara en casas a servir», recuerda.

Cuando se casó, su marido y ella trabajaron como guardas de un cortijo y tras nueve años, la familia les ofreció trasladarse a Sevilla capital para encargarse del cuidado de otra casa y de la madre de sus jefes. Carmen reconoce no se lo pensaron pensando, sobre todo, en la educación de sus hijos. «Yo estaba loca por venirme a la capital para darle colegio a mis hijos», dice para a continuación presumir de que «una es maestra, otro físico y otro no hizo  carrera pero tiene el bachiller, que ya es mucho».

Aunque estuvo poco tiempo en el colegio de niña, «algo aprendí» y Carmen sabía las letras y escribir con  «muchas faltas» en un entorno en que era tan extraordinario que durante la Guerra Civil «mi hermana y yo éramos las que les escribíamos las cartas a todo el barrio». Cuando llegó al centro de adultos, según relata Luisa, su maestra, «escribía separando todas las sílabas de las palabras, con lo que no se le entendía nada». Hoy, tras años de esfuerzo y tesón – «dicen que trabajar mucho es salud y debe ser verdad», bromea esta nonagenaria–, Carmen participa en las tertulias literarias que el centro organiza con sus alumnas mayores. El último libro que se ha leído es El tiempo entre costuras y todos los días echa un vistazo a «las revistas que me pasa una amiga y también al Evangelio».

Mientras para la mayoría de los escolares la proximidad del inicio del curso es una pesadilla, Carmen está deseando comenzar las clases el 15 de septiembre. «Me gusta mucho, no lo puedo remediar, es mi ilusión y pienso ir al colegio hasta que Dios me lleve», dice contundente.

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