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Irak, cinco años después

El 20 de marzo de 2003 las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos invadían Irak. Las razones entonces alegadas para justificar la acción (la posesión de armas de destrucción masiva por Sadam Hussein y sus vinculaciones con el terrorismo, especialmente con Al Quaeda)...

el 15 sep 2009 / 02:08 h.

El 20 de marzo de 2003 las fuerzas de la coalición liderada por Estados Unidos invadían Irak. Las razones entonces alegadas para justificar la acción (la posesión de armas de destrucción masiva por Sadam Hussein y sus vinculaciones con el terrorismo, especialmente con Al Quaeda) se han demostrado radicalmente falsas y la iniciativa que violaba la legalidad internacional y cuestionaba la unidad europea se ha saldado con un rotundo fracaso cuyas consecuencias son imprevisibles.

Del proyecto inicial del Presidente Bush de transformar el "Gran Oriente Medio" no se ha conseguido nada. La "cuestión palestina" se ha agravado en estos años y no parece vislumbrarse alguna solución inmediata. Países, como Irán y Siria, están al acecho para conseguir ventajas políticas y mejorar su situación en la región, pero donde se ha producido la mayor devastación ha sido en Irak.

Políticamente, la pretensión de sustituir un régimen despótico y sanguinario ha terminado con la fragmentación de un país que desde que se segregó del Impero Otomano había conseguido una cierta unidad a pesar de las diferencias étnicas, religiosas y tribales, diferencias que desde la invasión se han visto potenciadas y han hecho imposible el nacimiento de una conciencia nacionalista y la construcción de una mínima estructura estatal. Esta incapacidad institucional ha originado una grave división de la sociedad iraquí sobre bases sectarias, religiosas y regionales, que han llevado a hablar más que de guerra civil en singular de guerras civiles en plural. Pero lo verdaderamente preocupante es el desastre humano, cuya responsabilidad recae directamente sobre el Presidente Bush y de sus adláteres en la famosa foto de las Azores. Para apreciar su alcance bastan los siguientes datos: entre trescientas mil y un millón de víctimas mortales, según las distintas fuentes; cuatro mil muertos entre las tropas americanas, además de los miles de heridos con secuelas físicas o psíquicas; cuatro millones de personas desplazadas, bien en el interior de Irak o hacia los países limítrofes como Siria o Jordania, habiéndose reconocido como el mayor desplazamiento de población en Oriente Medio desde los inicios del siglo XXI. Familias destruidas, una tercera parte de la población por debajo del nivel de la pobreza absoluta y miles de personas detenidas sin ningún tipo de garantías, lo que ha dado lugar a comportamientos tan degradantes como los sufridos por los presos de Abu Ghraib.

Por ello resultan escandalosas las declaraciones de Bush, calificando la guerra como "noble, justa y necesaria"; y de Aznar, afirmando que "la situación en Irak es muy buena". Dicen que los "neocons" republicanos tuvieron como libro guía para planificar sus decisiones La guerra del Peloponeso, de Tucidides, siguiendo la interpretación de su inspirador ideológico L. Strauss, según la cual Estados Unidos, como Atenas en el siglo V a.C., era el adalid de la libertad. Tal vez se lo habrían pensado mejor si hubiesen leído Las Troyanas, de Eurípides, alegato antibelicista, que anticipó en su momento lo que la historia ha confirmado con reiteración: la guerra causa la ruina por igual de vencidos y vencedores.

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