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Isabel San Sebastián: "El poder sale bastante mal parado en mis novelas; hay donde inspirarse"

La periodista se escabulle de la realidad a través de la novela histórica, vía de escape con el final feliz que desea. ‘Un reino lejano’ abunda en la reconquista del Reino de Aragón.

el 04 may 2013 / 09:00 h.

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Escritora Isabel San Sebastian Isabel San Sebastián, en la Feria del Libro de Sevilla Isabel San Sebastián (Santiago de Chile, 1959) disfruta de uno de los pocos días primaverales sevillanos en una terraza. Está al teléfono y luego explica que anda con los preparativos del programa televisivo El Gran Debate de esta noche. Pero además de periodista y tertuliana, es escritora. Su último libro, editado en noviembre de 2012, es una novela histórica que lleva por título Un reino lejano y que va por su tercera edición.  –La novela está ambientada en la Edad Media, pero no es la primera vez. ¿Qué le resulta tan atractivo de esa etapa histórica? –Es una época histórica desconocida y muy propicia para la aventura y la imaginación –que es sobre lo que me gusta escribir y sobre lo que he escrito hasta ahora– dentro de unos parámetros de rigor histórico. Me parece un periodo importantísimo para la historia de España donde se configura la esencia de lo que luego será España. Para amarla realmente hay que conocer su pasado para entender su presente y no repetir sus mismos errores. –¿A su juicio, se ha aprendido? –Nada. No se aprende nada, se desaprende. Estamos consintiendo que, por razones espurias e interesadas, se esté tergiversando y falseando brutalmente nuestra historia y desde los poderes públicos no se está haciendo absolutamente nada por impedir la manipulación de los nacionalismos en lo que respecta a la historia de España. Nunca existió una corona catalano-aragonesa. Existió la corona de Aragón. De eso hablo yo en Un reino lejano, de la configuración de este reino bajo mandato de Jaime el Conquistador. –¿Algún personaje contemporáneo le ha servido de inspiración, para bien o para mal? –En mis novelas el poder suele salir bastante mal parado y en esto los personajes contemporáneos son una fuente de inspiración permanente. La segunda parte de la novela se desarrolla en Barbastro y es un canto al nacimiento de las ciudades, de los artesanos, del esfuerzo individual como una punta de lanza hacia el advenimiento de la libertad, de la ciudadanía, de la responsabilidad y de la oportunidad de traspasar los propios límites individuales. Sería un canto hoy en día a los autónomos. Personajes con nombres y apellidos, no; colectivos y actitudes ante la vida, sí. –¿La literatura es un refugio para el periodista? –Para un periodista la literatura es otra plasmación del oficio, porque para escribir novela histórica te tienes que saber documentar y un periodista aprende a documentar sus informaciones o debería… También la herramienta lingüística, el lenguaje, lo aprendí en el ejercicio del periodismo y leyendo mucho. Es una vía de escape tanto en lo literario, es decir, de escape hacia la ficción, la imaginación y la aventura, como de escape ético hacia –esto que voy a decir es una cursilada– el triunfo del bien sobre el mal. Intento que en mis novelas el bien venza al mal. –Apela a la recuperación de valores de la Edad Media, una época especialmente oscura... –La Edad Media fue una época de una brutalidad y una iniquidad bestial. Yo no prefiero la Edad Media a la época actual ni loca. Simplemente digo que en ese contexto brutal que afortunadamente superamos había unos valores que permitieron que superáramos ese momento y que España recuperara su esencia o su tradición cristiano-romana. Se han perdido valores esenciales como la decencia, la sinceridad, el respeto por la vida, el sentido del honor, la palabra, la amistad o la lealtad. –Entre tanta pérdida y tanta crisis, ahí está la del periodismo... –Hay magníficos compañeros que están en el paro, se han perdido 8.000 empleos, no hay tiempo ni dinero ni voluntad de investigar, profundizar, analizar, todo es surfear y sobrevolar la realidad muy deprisa con la cultura del digital que es devastadora. Y si hablamos en términos de control al poder político y económico, ni te cuento. Cada vez hay menos gente independiente con capacidad de observar con la misma imparcialidad a unos y a otros. Yo me considero una persona muy independiente. A mí me han echado unos y otros y, si se me sigue la trayectoria, yo critico a quien está en el poder, es mi obligación al ser el que tiene la capacidad de tomar decisiones, no la oposición. Ser independiente no es ser imparcial. No significa que estés en la nada ideológica en términos de criterio. Significa que tienes el tuyo, no el que te impone nadie ni el que te conviene.

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