Local

Itálica de noche

Sólo durante agosto y septiembre va a haber rutas nocturnas guiadas por las ruinas de la ciudad romana. Para vivir la experiencia hay que inscribirse antes.

el 21 ago 2011 / 19:03 h.

TAGS:

La posibilidad de recorrer de noche las ruinas de Itálica en una visita guiada y hasta escenificada es, junto con los conciertos del Alcázar (y las carreteras que conducen a sitios más frescos), el plan más interesante que ofrece Sevilla en verano y el único en el que hay que atrasar el reloj 900 años. Será sólo durante agosto y septiembre cuando se podrá reservar plaza para uno de esos recorridos titulados Itálica despierta , a razón de dos por día de martes a sábado.

En ellos, bajo la oscuridad de la noche entre cipreses, y con la sugerente atmósfera de la nueva iluminación, se pasea por lo único que queda hoy día de la primera ciudad romana fundada fuera de la península con forma de bota: la ampliación acometida en el siglo II en tiempos del emperador Adriano (natural de allí, por cierto) sobre la loma que hoy preside el conjunto arqueológico. El resto, la Itálica vieja, la que se fundó 206 años antes de Cristo, ésa sigue bajo los comedores y los dormitorios de Santiponce, escondiendo sabe Dios qué tesoros, qué historias y qué decepciones.

También hay algunos trozos de ella desperdigados por los caminos y por el río, merced a la proverbial sensibilidad de los sevillanos del siglo XVIII (en particular, por no citar a otros), quienes consideraron adecuado y muy civilizador para su gusto el destruir parte del anfiteatro y del caserío para construir diques y carreteras con los cascotes resultantes. Pero esos trozos no forman parte del programa de la visita, que se ciñe, como es natural, a las piedras augustas y desmochadas (pero al menos casi en su sitio), a la imaginación entusiasmada por la inmediatez del pasado bajo los pies,  al relato del guía, a las sensaciones, al presentimiento de belleza y de inmensidad que impera en Itálica, tanto la despierta como la dormida, sobre toda otra emoción.

Una casa señorial, una taberna y quienes vivían y trabajaban en ellas forman parte del recorrido y de la narración de esta visita, que prosigue por las calles, los restos intuidos de edificios, las esculturas... hasta alcanzar la desembocadura gloriosa del anfiteatro. Alrededor de él, en sus tripas, por sus estrías, la palabra va desgranando su historia, sus anécdotas, sus personajes, sus curiosidades y características menos conocidas, los trabajadores. Para todo ello se agradece la presencia de ocho actores en representación de otros tantos personajes de aquel tiempo, cuyas apariciones y alocuciones breves refuerzan de manera muy ilustrativa la composición de lugar que se hace el visitante.

Frente a la gravedad del lugar, el principio de diversión (imperante en estos días, como en otros días lo fue Roma) garantiza un recorrido ameno y muy difícil de olvidar. Pero lo que sobre todo no tiene que olvidar quien esté interesado en ir es que no vale con presentarse allí, sino que hay que comprar las entradas con tiempo (con tiempo y con 4 euros por cabeza) siguiendo las indicaciones que encontrará en el portal www.italicadespierta.es.

  • 1